Hace 50 años el hombre llegaba a la luna y así lo vivían los pehuajenses

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“Es un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la humanidad”, pronunció Neil Armstrong cuando posó su pie izquierdo en la superficie lunar.

Tiempo atrás, la idea de viajar al espacio era una fantasía de ciencia ficción. Sin embargo, en estos días se cumplen cinco décadas en que el mundo compartióuno de los sucesos más importantes de la historia: el hombre pisaba por primera vez la Luna, y el mito hecho realidad, conmovió a todos los habitantes.

“Un 20 de julio de1969 el módulo de exploración lunar “Eagle”, componente de la nave Apolo XI, se posó sobre el satélite de la Tierra. Tres hombres -Neil Armstrong (comandante), BuzzAldrin (piloto del módulo lunar) y Michael Collins (piloto del módulo de comando) - trascendieron ese día en un acontecimiento que fue visto por  millones de personas, en una transmisión en la que ABC, CBS y NBC gastaron entre 11 y 12 millones de dólares en el cubrimiento que duró desde la mañana del domingo hasta la noche del lunes”, relatan los mediosnacionales e internacionales especificando en  las expectativas que originó aquella hazaña tras un recorrido de unos 386.000 km y 76 horas de viaje, “Armstrong puso sus pies sobre la superficie lunar a las 22.56, según la hora de Houston, EEUU. Poco después hizo la caminata lunar BuzzAldrin(…)”

EL PROGRAMA DEL

SIGLO XXI

“Ahora, medio siglo después, las miradas estratégicas vuelven a enfocar hacia arriba: el satélite como base para explorar nuevos mundos”, señalanasimismo los científicos que enumeran pormenores de la gesta que enfrentó enormes desafíos tecnológicos. “El equipo de miles de personas que integraban la misión debía resolver varias cuestiones, desde la construcción de las naves hasta el monitoreo del clima”, explican analizando el programa del siglo XXI para regresar a la Luna, con aspiraciones hacia Marte, entre otros planetas.

20 DE JULIO DE 1969

En ese año ¿cómo vivieron los pehuajenses la llegada del hombre a la luna?

Pocas familias tenían un televisor prendido en sus casas para ver el hecho inédito, porque en la década del ’60 acceder a un aparato era un lujo. Entonces muchos pehuajensesestuvieron atentos al acontecimiento cerca de la legendaria radio o leían los diarios para informarse en sus hogares, talleres, oficinas y “hasta en los bares nos reuníamos para conversarademás sobre las implicancias políticasque generaban diferentes posturas y opiniones, a raíz del gran desafío entre Rusia y los Estados Unidos. La competencia  entre ambas potencias, hizo posible que esta última lograra la primacía del alunizaje”, sostienen algunos entrevistados en diálogo con nuestra cronista que realizó un recorrido para indagar sobre el tema. 

RELATOS

“Así las cosas en nuestro pueblo, en ese momento no podíamos ver con nitidez las imágenes televisivas, entonces con mis compañeros del secundario del Colegio Nacional (cursábamos en el edificio de la Escuela Normal) escuchamos con mucha alegría y atención en el salón la trasmisión radial del alunizaje que relató el profesor “Chilin” García”, repasó Susana Gallo.

Acto seguido Ignacio D. Arnejo expuso sus consideraciones: “Cuando se produce el primer alunizaje tenía 14 años. Recuerdo haberlo visto por televisión en la confitería Select que estaba al lado del cine Zurro y enfrente del diario NOTICIAS. Vi a un hombre muy pertrechado que bajaba por una pequeña escalera de unaNave Espacial muy semejante a una inmensa araña. El hombre daba pequeños saltos sobre el suelo lunar y levantaba una nube de polvo. 

Seguramente por mi edad, hace 50 años no tuve conciencia de que estaba ante el evento tecnológico más importante de la humanidad”, enfatizó.

Daniel E Fainstein oriundo de Pehuajó radicado en Bahía Blanca envío un mail a nuestra redacción: “En aquél entonces, en mi casa no había televisión, por eso con mi hermano Miguel fuimos también a la confitería Trozi y Tabita, al lado de la zapatería Duval y cerca del cine pudimos observar la trasmisión televisiva del alunizaje junto a amigos de la escuela y conocidos. En Pehuajó la mayoría no lo vio, sin embargo nosotros pudimos verlo muy bien porque esa noche estaba nublado”, evocó.

“Siempre recuerdo el momento en que el hombre pisaba  la Luna, me se caían las lágrimas, ese día falleció mi bisabuela… fueron muchas emociones juntas en mi casa junto a mi mamá, abuela y seres queridos”, contóAna Bravo.

“Con mi familia compartimos el gran sucesomirando la TV, pero en ocasiones las imágenes blancas y negras no se veían bien”, evocó Augusto “Coco” La Peña.

“Aquella hazaña fue como esos cuentos de hadas que en nuestra infancia contabanmi mamá y laabuela. En aquél tiempo vivíamos en el campo entonces escuchábamos el comentario de los adultos, y a veces la radio, o leíamos un libro o revista. Además aún no conocíamos la televisión”, rememoró René Martín.

“Aquel día, la euforia invadió cada rincón del pueblo. Los coches tocaban sus bocinas, la gente aplaudía, y otros se abrazaban conmovidos”, refirió la gente que se sumó a la conversación.

“De tanto mirar la luna”

Ante la requisitoria de NOTICIAS, el periodista Víctor Delgado nos envió el siguiente texto: En la década del 60, en mi casa había dos perros ovejeros muy queridos cuyos nombres eran Laika y Gagarín. Traigo este recuerdo personal porque describe los años que antecedieron el alunizaje. La humanidad toda estaba mucho más atenta a la conquista del espacio a causa de una exaltación sobreactuada de los avances de la ciencia y la técnica que supuestamente traerían beneficios para la población planetaria en su conjunto. Lo cual explica el clima festivo que desató el Apolo 11.

Mis recuerdos son los de un niño de 10 años. No lo vi por tele porque pertenecía a una de las muchas familias que entonces no tenían ese artefacto en sus casas. Seguimos los sucesos previos, el alunizaje y el regreso de los astronautas por transmisiones radiales, los diarios y revistas. Semanas después, en pantalla grande vi el alunizaje en el noticioso fílmico semanal que antecedía a las películas en el Cine Zurro.

Recuerdo que en la noche previa al alunizaje, mientras el corresponsal de una radio capitalina transmitía las acciones preliminares, mi bisabuela materna con un gesto de incomprensión, meneó la cabeza y con tono amenazante en su casi inentendible cocoliche vaticinó: “Ma, todavía allá arriba va a estare Dío y le va dare uno mazazo…” Tenía la idea de un Dios corpóreo y castigador según correspondía a las creencias de esa Italia feudal de donde había llegado sin saber leer ni escribir. Esa frase que aún nos hace gracia toda vez que hacemos “arqueología familiar”, vale como síntesis de época: De la vida aldeana y oscurantista, de la penumbra intelectual, de un mundo supersticioso a poner un pie en la Luna… ¡Un larguísimo viaje de la humanidad! Apolo 11 simbolizaba entonces la coronación del mundo moderno basado en el despliegue del saber y el desarrollo científico. A la vez, aquella primera huella de una “zapatilla astronáutica” sobre el lomo de la Luna, repetida hasta el cansancio, simbolizaba el pie omnipotente de los Estados Unidos sobre la faz del universo conocido y por conocer. El dato adquiría relevancia en el marco de la guerra fría, con la que las dos grandes potencias de entonces, EEUU y la URSS, se disputaban el reparto y control del mundo.

Aunque la prensa mundial buscó sacar provecho instalando aquel clima celebratorio, hay que recordar que inmensos sectores de la humanidad estaban esperanzados en cuestiones más terrenales como el Mayo Francés, los sucesos de la Revolución Cultural China o el hippismo, el movimiento contracultural y pacifista surgido de las entrañas de los EEUU para repudiar sus políticas imperialistas y belicosas.

Aquí, se vivía bajo la dictadura del general Onganía, el alunizaje se usó bastante como tapadera para distraer y acallar un país convulsionado donde acababan de ocurrir, gigantescas puebladas como el Cordobazo, el Correntinazo y el Tucumanazo, protagonizadas por el pueblo en las calles, fundamentalmente por los obreros y el estudiantado, y que acabó por horadar esa dictadura de perfiles trogloditas.

Los pehuajenses, según recuerdo, en los carnavales siguientes –que todavía se celebraban en el centro, sobre la calle Mitre– tuvimos nuestro propio Apolo 11 gracias al ingenio popular. Una magnífica réplica de papel aluminio y celofanes, con los tres astronautas desandando un suelo lunar tirado por un tractor. A mí me gustó mucho más que la nave norteamericana porque era industria local.

Años atrás una señora mayor me contó que cuando le confesó a sus nietos que había llorado el día que el hombre llegó a la luna, sus nietos la miraron con incomprensión y le respondieron: “¿Por esa pavada lloraste abue?”

Ciertamente, la vertiginosidad de los avances tecnológicos hoy hace mucho menos sorpresivo cualquier conquista espacial. Casi que resultaría más inverosímil recibir la noticia sobre el regreso del tren a Pehuajó que el anuncio de la conquista de un planeta.

Personalmente, reconozco la importancia de la exploración espacial, pero no me quita el sueño ni me de ilusión. Me basta con saber que la mitad de la población mundial posee sólo el 1% de la riqueza, mientras que el 1% de los más ricos ya se han quedado con casi la mitad de la riqueza del mundo. Eso me da la pauta de quiénes serían los beneficiados de cualquier conquista extraplanetaria. Y me gusta aquella advertencia de Yupanqui: “De tanto mirar la luna ya nada sabes mirar”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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