El arco enmarcó un sueño. El escenario liberó una vocación

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No sé por qué razón encuentro en el canal Volver un gran compañero que me permite jugar con los recuerdos, revivir momentos inolvidables, y conocer material anterior a mi nacimiento que, de hecho, fue hace más de medio siglo. Siempre que puede clavo la sintonía en el 30 de la empresa de cable a la que está suscripta mi familia y vuelvo a mirar y disfrutar tanto el cine nacional como ciertas producciones de nuestra televisión. Una tarea que he tratado de llevar a cabo desde que la señal tomó contacto con los televidentes hace más de dos décadas. Pero a partir del pasado invierno, es decir que no hace tanto, he vuelto a disfrutar del recordado programa: “El palacio de la risa”, del notable actor Antonio Gasalla, pero que en este caso, tiene el atractivo de esperar cada día la puesta en pantalla de algunas de las emisiones de los años 1996 que difundía Canal 9, el canal de la palomita, o 1997 cuando el programa pasó a Canal 13. El motivo es muy simple pero sumamente importante, y es poder ver la actuación de un conocido actor nuestro pero a quién he tenido como compañero de armas en una de las fuerzas de seguridad del país y puedo orgullosamente considerarlo un amigo. Naturalmente me refiero al querido Pedro Bongianino, hombre identificado con la localidad de Francisco Madero, pero nacido en Campo de Mayo en los tumultuosos tiempos de mediados de la década del ’50, zona donde solo vivió un cuarto de su edad actual, dado que el setenta y cinco por ciento restante de su existencia hasta hoy la vivió residiendo en Francisco Madero, comunidad a la que ama, lo que lo diploma como un verdadero maderense por elección, porque eligió serlo y está orgulloso de ello.

Bien podría decirse sin temor a equivocaciones que, dentro de un abanico laboral, Pedro desarrolló tareas absolutamente disímiles, pero desde muy chico se sintió atraído por la radio y la televisión. Claro que no de la forma que los lectores imaginan porque sus sueños actorales aun no habían nacido. Lo que Pedro quería era adquirir conocimientos en reparación de aparatos de radio y televisión. Seguramente algunos lectores recordarán el auge que tuvo la enseñanza de dicha actividad en determinadas épocas, cuando era muy común también observar en medios gráficos y hasta en revistas como: Patoruzú o Patoruzito, los anuncios publicitarios invitando al lector a aprender el oficio a distancia, es decir por correspondencia dado que no existía la enseñanza virtual. Eran avisos de institutos privados que ofrecían un método simple, veloz, y fácil para aprender electrónica. Pero Pedro quería ir a un establecimiento educativo a recibirse de técnico en electrónica. No pudo ser   en su adolescencia porque sus padres se radicaron en una zona rural bajo influencia maderense. Entonces miró hacia Trenque Lauquen y en la Escuela Técnica de allí logró aquel postergado objetivo. Los conocimientos adquiridos le permitieron ingresar a la Policía de la provincia de Buenos Aires en el área de comunicaciones, pasando a integrar la fuerza efectiva de la Radioestación policial Pehuajó como técnico de radio. Para entonces había recorrido otros caminos y el fútbol lo había contado entre sus cultores. Arquero de Atlético Maderense, casi siempre quedó a la sombra de los grandes guardavallas que defendían la portería del primer equipo de la institución, pero nunca renegó de ello sino que hasta se ha sentido honrado de haber llegado hasta allí en el equipo de sus amores. También pasó por el referato siendo juez de línea en la división superior de la Liga Pehuajó y árbitro en divisiones menores.

¿Y el actor? El actor apareció después. Es que la labor teatral era un hobby que tomó forma definitiva a fines de los años ’80, cuando Pedro ya había deshojado más de tres décadas de almanaques. Y surgió como ocurre generalmente: una vocación que se manifiesta ante una oportunidad que aparece cuando quizá nada hacía prever que ello ocurriría. Y así nació el T.A.M., vale decir el Grupo de Teatro Aficionado Maderense.

Fueron varios los trabajos en los que aportó su actuación y la dirección de los espectáculos. Participó en los por entonces nóveles Juegos Abuelos Bonaerenses e integró luego el grupo Expres-Arte, dirigido por el reconocido director pehuajense José Luis Baute, quien desde hace años reside en la ciudad de Mar del Plata.

Entonces llegó la gran oportunidad. Fue cuando Antonio Gasalla anunció la realización de un casting destinado a incorporar nuevos actores a su elenco para la temporada 1996 del famoso programa “El Palacio de la risa”. Y hacía allí marchó con enormes ilusiones pero con un porcentaje de posibilidades que no llegaba ni al uno por ciento, dado que eran cuatro mil los inscriptos. Los cinco minutos de actuación unipersonal le permitieron pasar a integrar el diez por ciento de “sobrevivientes”, dado que de los cuatro mil solo quedaron cuatrocientos. Naturalmente hubo una segunda convocatoria, aunque con mayores exigencias, pero ya las ilusiones eran mayores y los sueños no parecían tan lejanos. Estimulado por saber que su labor había sido tenida en cuenta se jugó una carta brava para el segundo casting y resultó ganadora dado que quedó entre la docena de elegidos.

Lo vimos actuar en aquellos años en la pantalla chica de los canales grandes, los de máxima difusión, pero estoy convencido que es ahora, en este tiempo, en que lo disfruto más, en que me divierto y me emociono a la vez por volver a verlo en desopilantes escenas con figuras como Norma Pons y Roberto Carnaghi, entre otras estrellas.

Y este es un punto importante en el que quiero detenerme, porque verlo junto a Carnaghi me provoca algo más. Me gusta el teatro pero mucho más el fútbol, donde si tengo que elegir un puesto elijo el de arquero sin dudarlo un instante. Quienes me conocen desde chico, quienes me sufrieron intentando defender los tres palos de su arco en algún picado aun intrascendente, pueden dar fe de mis sueños de guardameta. Y quienes me conocieron después, saben que terminé desarrollando actividades muy distintas y lejanas del arco. Entonces veo en Carnaghi y Bongianino a dos apellidos nacidos para el arco, porque tienen eso que necesitan los relatores para hacerlos explotar en la garganta. Son apellidos que –tal como bien los describiera Roberto Fontanarrosa– vienen desde abajo, desde el fondo mismo del esternón y estallan frente al micrófono. Un ¡Tapó Carnaghi! suena notable. Incluso un ¡Bon-gia-ni-no!, así, separado en sílabas por la voz del narrador, da cuenta del suspenso y de la proeza cumplida por ese arquero al sacar una pelota imposible. Pero Carnaghi y Bogianino son actores. Sin embargo fueron arqueros. Pedro en Aristimuño y en Maderense. Roberto en “Guayaquil”, un equipo de barrio, y en Chacarita Juniors. Ambos aman el fútbol y adoran el teatro, actividades a las que las emparenta la importancia de la labor grupal para lograr el éxito, según citó alguna vez Carnaghi. Pero ganó el teatro. A distintas escalas, por supuesto, aunque no tan distantes como para impedir que pudieran compartir escenario en un par de temporadas de la televisión mayúscula argentina. Sí, porque Pedro estuvo ahí. Y los lectores pueden comprobarlo en las emisiones que van de lunes a viernes a las 21.00 horas, cuando el extraordinario capo cómico Antonio Gasalla se adueña nuevamente de la pantalla, y Pedro se suma con un aporte importante. Una experiencia que resultó muy valiosa en su trayectoria, la que ha seguido por otros caminos, pero siempre sembrando sonrisas.

Seguro que nunca soñó con la alfombra roja de Hollywood ni esperó oír a la figura encargada de la conducción de la gala, exclamar a viva voz, obviamente en inglés: “Ladies and gentlemen, the winner is… Pedro Bongianino”. Sé que no soñó con esa estatuilla inalcanzable. Pero sí puedo asegurar que Pedro es un ganador que no necesita ni el telúrico Oscar de nuestro país que lleva el nombre de un gauchesco personaje. Su vida es la mejor muestra de su victoria personal. Y quienes lo queremos y admiramos, nos sentimos orgullosos de ello.

Sin embargo no podrá negarme que alguna vez soñó con la estridente voz del querido Baby Bethouart diciendo algo, más o menos así: “Atención amigos. Es el quinto penal de la serie para Progreso. Si convierte seguirá la serie de a un tiro por bando. Si falla, Maderense será el campeón. Atentos. Toma carrera el goleador. Da la orden el juez. Ahí va el 9. Corrió, le pegó … ¡Atajó Bongianino! ¡Atajó Bongianino! ¡Maderense campeón!”

¡Qué hermoso sueño Pedro! Y el Oscar que se lo den a cualquiera.

¡Feliz domingo!

                                                                                                           Roberto F. Rodríguez

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