Férreos controles y duras sanciones

Inhabilitaciones, multas, arrestos y políticas de tránsito en Henderson

HENDERSON (C). Continúan el intenso control y el dictado de fuertes sanciones en nuestra ciudad en lo que respecta al tránsito.

En esta época el fluido vehicular se multiplica y el clima invita especialmente a los conductores de motos a salir a circular. Seguramente no hay uno que no lo haga en estos días; en esta ciudad de por sí complicada por las dobles manos y las largas diagonales (distinta a las otras y más propensa al riesgo que las demás). En ese sentido, algún dirigente viene insistiendo con transformar las calles, convirtiéndolas en arterias de una sola mano.

Es que tal como está diagramado históricamente Henderson, en las esquinas se encuentran demasiada cantidad de vehículos, especialmente donde hay diagonales; y, de no haber control (en esta parte del año, principalmente), la situación puede tornarse muy difícil de sobrellevar (de todos modos, habría que ver qué consenso pudiese llegar a tener la iniciativa citada, ya que nuestro pueblo siempre fue así y hay razones -algunas emocionales, otras racionales- como para que el tema de las dobles manos sea -cuanto menos- tema de debate).

 

REALIZACIÓN DE CONTROLES

Se han radicalizado los controles de tránsito. La Municipalidad ha sumado un Inspector, Lucas Suárez (otro se reincorporará el viernes próximo).

También se ve a las chicas que sólo tomaban fotos colaborando en las tareas de control.

Tratan de cubrir la mayor cantidad de horas del día que sea posible, inclusive con controles nocturnos.

El papel decisivo de la Policía y los roles del comisario y el subcomisario: la Policía, estimulada y aleccionada cuidadosamente por el comisario Merlo y el subcomisario Maidana, se encuentra actualmente demostrando un compromiso con el buen tránsito, que no es habitual.

Lógicamente, es fundamental el rol de los efectivos uniformados, a pesar de la insuficiencia de personal con que cuenta.

Sabemos que en las pequeñas (y no tan pequeñas) ciudades, es parte de la idiosincrasia que las autoridades de control habitualmente prefieren “no quedar mal” con los vecinos a los que ven asiduamente; resultando, en consecuencia, antes que nada -los agentes- amigables y permisivos, procurando hacer la menor cantidad de infracciones posibles (o ninguna), incluso “distrayéndose” ante la comisión de las faltas.

Esto no ocurre hoy en Henderson (al menos en la gran mayoría de efectivos) porque la conducción de la Comisaría es destacable, porque sus responsables predican con el ejemplo en conducta y esfuerzo, se ganan el respeto y la autoridad -ante sus subordinados- mediante la formación y conocimientos que poseen y la aplicación de medidas justas para con ellos (que seguramente comprende reconocimientos y castigos para los agentes que están inmersos en este trabajo).

 

INCORPORACIÓN DE NUEVO INSPECTOR

La incorporación de un nuevo inspector municipal en diciembre ha sido un gran acierto, ya que éste viene mostrando una dedicación bien disciplinada y un criterio equitativo, justo y severo (cuando así corresponde), sin lugar a la famosa hombría (seguramente la tiene en su vida personal) y el perdón; evitando el clásico criterio de “seguí, no hay problema” (cuando ve una contravención) se trate de quien se trate.

 

LA RESPUESTA DEL JUZGADO DE FALTAS

Ello así, se retienen vehículos y licencias y se remiten las actuaciones al Juzgado de Faltas.

Precisamente allí está el otro eslabón que no puede fallar, para que no quede trunco el  trabajo de policías e inspectores; de modo que éstos no se desanimen y sientan que su trabajo es luego arrojado a la ineficacia absoluta por la autoridad encargada de juzgar. Ello sería un fuerte golpe a sus buenas intenciones.

Porque si luego, desde el Juzgado, se absuelve con liviandad, no se sanciona con corrección y justicia, todo lo hecho por quienes “ponen la cara” en la calle, se vuelve estéril y los agentes de control se sienten desalentados y cunde el malestar. Es decir, el comportamiento de toda esta gente involucrada debe ser el de un equipo. Ello sin perjuicio de la independencia de la autoridad de juzgamiento al evaluar cada caso, el hecho de escuchar descargos, considerar otras pruebas, además del acta y la firma de los testigos que en ella figuran.

Los trazos generales para lograr resultados favorables: ésos vendrían a ser, en términos generales, los trazos gruesos que sostendrían las bases para lograr los buenos resultados que se vienen observando. Siempre se tiene que mejorar, pero ello depende, en gran medida, de que los pocos irredimibles que desafían al sistema, se adapten a las reglas. Es que deben entender que, finalmente, en un pueblo chico, son detectados de inmediato y -tarde o temprano- terminan recibiendo todo el rigor de la ley.

Fuga de los infractores. Gravedad e inconveniencia: ya se ha demostrado, entre otras cosas, que fugar de los agentes de control, puede “salvar al infractor” (aunque sólo en el momento) de una retención de su licencia o del vehículo, más no de una multa (como mínimo) que incluye el agravante de la fuga. Y deben saber que más tarde sufrirán las más desfavorables sanciones que legisla el código de tránsito.

Es que, increíblemente, muchos piensan que si no firman el acta no se puede confeccionar la misma (o ésta no tiene valor): falacia  absurda y absolutamente torpe, que cae por su propio peso y por el sentido común, ya que las actas se labran igual y los criterios con que se los sanciona son, por supuesto, luego mucho más severos.

Es de rigor preguntarse qué ocurriría en otros sitios si los infractores escaparan o arremetieran -como lo han hecho en ésta y en otras ciudades- contra la integridad física de los agentes, “encarándolos” con sus vehículos.

Por supuesto que en otros países serían perseguidos, arrestados, seguramente arrojados al suelo y esposados; si no es que, como ocurre en grandes ciudades, se llega al uso de las armas para detenerlos (lógico que nadie quiere llegar a nada de eso aquí). Sin  embargo, aunque a fuerza de rigor, los contraventores más rebeldes van entendiendo y quedan muy pocos; seguramente aún queda alguno que cree que pude comportarse como se ha dicho.

Afortunadamente, como se ha dicho, casi ya no ocurre. Es una conducta aberrante y no merece contemplaciones.

En suma, ante la autoridad hay que detenerse, verdad obvia e inexpugnable.

Afortunadamente, ocurre que ahora, quienes parecían irrecuperables, han entendido que  la fuga les complica la vida.

El acta de infracción se labra sin que el infractor se detenga y sin firma del mismo. Ya que el acta se labra igual, se les aplican sanciones y, cuando van a obtener o renovar su licencia se encuentran con multas astronómicas, que deben abonar si quieren tener sus registros. Caso contrario no  lo  tendrán. Y recibirán juicios por los montos adeudados. Más si circulan sin tener carnet, las consecuencias les serán funestas en materia de tránsito.

Por fin parecen entender los infractores más rebeldes algo tan obvio como que el acta se les hace aunque no frenen y que después serán llevados por la Policía (que previamente los  detendrá) al Juzgado de Faltas, donde deberán hacerse cargo de sus responsabilidades.

Para graficar lo dicho párrafos arriba, cualquier ejemplo es suficiente, pero pongamos éste. Si no se pudiera labrar un acta porque el infractor no frena (y por  ende no firma), estarían a salvo los que circulan a ciento cuarenta kilómetros en la ciudad y cruzan en rojo (ejemplo extremo, seguramente); ya que no puede detenérselos. En la ciudad chica, especialmente, son identificados como corresponde y se les labran actas, que consignan la conducta extrema que han mostrado. Luego, en su descargo, deberán demostrar que no la cometieron o serán condenados. Ocurre que el acta de las autoridades es plena prueba y siempre está firmada por testigos.

Resumiendo, puede razonarse así: qué fácil sería impedir tener actas por el solo hecho de no detenerse. Permitir ésto sería alentar a no hacerlo. Ocurre todo lo contrario. Esos infractores son luego detenidos en cualquier punto de la ciudad (en sus domicilios, en sus trabajos o en el sitio que fuese) y los cuatro últimos salieron arrestados -trasladados en  el móvil municipal- desde el Juzgado de Faltas directamente a la Comisaría para cumplir prisión.

Párrafo aparte merecen los que conducen con motos sin frenos, sin luces, con escapes ensordecedores y sin uno solo de los elementos exigidos por la Ley de Tránsito, y -por si fuera poco- a alta velocidad. Se ven ya pocos, porque su conducta les ha costado pagar sus culpas.

Otro tema destacable es la decisión inquebrantable de la Municipalidad de terminar con los ruidos molestos. Se informó que se seguirán penalizando severamente a estos infractores y destruidos sus escapes.

 

CONCLUSIONES

En base a lo manifestado párrafos arriba, y analizando la situación, puede deducirse diáfanamente: 1) que para la corrección del tránsito hace falta que funcionen “aceitados” los distintos eslabones que trabajan en la materia; es decir, que el trabajo de los funcionarios de control tenga su correlato en la aplicación de una estricta y equitativa justicia en el Juzgado de Faltas; 2) que, a  esta altura de  las circunstancias, está probado que sólo la severidad e inflexibilidad hace reflexionar a quienes parecen los más incorregibles infractores.

Es así que sólo el trabajo mancomunado de la Policía y la Municipalidad puede conducir al éxito. En tal  sentido, ha habido fuertes e inusuales sanciones para quienes desprecian la ley y la autoridad.

Por otra parte, las fotografías y las cámaras de seguridad (que también toman fotos) dejan en evidencia todo tipo de conductas.

 

INHABILITACIONES Y NUEVO ARRESTO

Durante el último mes, los cuatro arrestos dictados por el Juzgado de Faltas han impactado en potenciales contraventores y, afortunadamente, los más rebeldes se van adecuando a la ley, por más que falte siempre mucho por mejorar.

Las últimas inhabilitaciones, que comprenden también la quita de las licencias, han sido las siguientes: una de veinte días, dos de treinta y otra de cuatro meses y medio (todas con retención de licencia).

Conductor que conduce inhabilitado, va preso. La ecuación cierra así: conductor que conduce inhabilitado va irremediablemente preso, aún cuando no sea detenido en el momento. Rápidamente será aprehendido por la Policía y cumplirá prisión.

Es inminente el arresto de un nuevo conductor de motovehículos.

Corresponde expresar que no habrá  tregua, al menos durante el verano. Los objetivos: orden del tránsito y evitar accidentes; los que, tristemente en nuestro país ocupan -como causa de muerte y discapacidades- un lugar alarmante, inconcebible e inexplicable.

El reconocimiento al vecino correcto y apegado a las normas: finalmente, las fuentes consultadas solicitaron aclarar que los conceptos aquí vertidos, algunos de singular dureza, están dirigidos a quienes no aceptan la ley y la autoridad; así como se desea reconocer a la inmensa mayoría de la población su conducta absolutamente contraria a ésa que se acaba de describir. Es  decir destacar que los vecinos en general son sumamente respetuosos, correctos y sus conductas intachables.

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