Volare

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Pronto volverá a nuestra ciudad la actividad de Vuelo a Vela a nivel  regional con la realización de un importante torneo. Y ese dato me llevó a recordar una doble página en la revista Deportiva, un órgano periodístico que, bajo la dirección de Alejandro Yebra, había salido al mercado a mediado de los ‘70 para competir con El Gráfico y Goles, publicaciones éstas ya instaladas desde hacía años en la preferencia de un público que tenía en la prensa gráfica un aliado informativo de elevada relevancia.

Aquella nota, firmada por el periodista Roberto A. Ortega, estaba titulada: “Volare oh.. oh..” como el famoso tema musical de Gipsy Kings, cuya letra también decía: “Y volando, volando feliz / Yo me encuentro más alto / más alto que el sol…” con lo que, obviamente, se pretendía graficar la sensaciones del vuelo a vela, es decir del vuelo sin motor.

Y he querido recordarla porque dicho artículo periodístico había sido escrito en el verano de 1977, desde Pehuajó y con motivo de la realización de un nuevo campeonato argentino de volovelismo.

El hecho que un medio como Deportiva se ocupara del certamen que tenía como escenario las instalaciones del aeródromo local, por entonces recientemente rebautizado con el nombre de: “Comodoro Pedro Zanni”, no dejaba de demostrar la importancia del evento aunque, claro está, no era algo nuevo para nuestra ciudad, dado que hacía muchos años que el volovelismo tenía un alto significado para los pehuajenses y de hecho habían sido varios los campeonatos nacionales disputados en el aeródromo lugareño.

El volovelismo es una hermosa disciplina, cuyo origen de la práctica humana se remonta al Siglo XIX, cuando se comenzó a observar en detalle el vuelo de algunos pájaros que, sin agotar reservas físicas, llegaban a recorrer importantes distancias con elevado tiempo de permanencia en el aire, como el caso del buitre africano que, sin dudas, es el máximo exponente de lo que realmente es el vuelo a vela.

La actividad se extendió por el mundo y la provincia de Buenos Aires vio un primer ensayo por parte de un piloto que, en 1904, se arrojó desde lo alto de un elevado promontorio serrano en las inmediaciones de Tandil, con un planeador de construcción propia y en el que habían trabajado Pablo Suárez y Guido Dinelli, y aunque se cree que fue el primero el que pilotó el aparato, otros no descartan que haya sido Dinelli el que voló.

Los ensayos continuaron durante el primer tercio del siglo pero para los años ’30 la información general estaba más difundida, y un grupo de jóvenes pehuajenses, entre los que se destacaban Orfeo Sancho y Francisco Huguenín, inició la actividad en Pehuajó con la construcción de un planeador que fabricaron siguiendo las indicaciones de un revista y apelando al ingenio propio. 

El enorme entusiasmo generó que el 3 de diciembre de 1940 se fundara el Club de Planeadores “Nancu”, contando con el instructor de vuelo Heriberto Saadi Valdez.

La institución comenzó a crecer y la actividad atrajo adeptos, pero también tuvo sus altibajos por lo que resultaron fundamentales los difundidos éxitos del piloto Antonio Claudio Tolosa en los años ’50 para darle un nuevo impulso al volovelismo local hacia la consideración de la población.

Llegó el tiempo de los campeonatos argentinos que, a partir de 1967 tuvieron a Pehuajó como sede en varias oportunidades, participando los más destacados volovelistas del país, entre los que estuvieron pilotos locales como Agustín “Bebo” Santos que fue designado por la FAVAV (Federación Argentina de Vuelo a Vela) para integrar el equipo argentino que participó en el campeonato mundial realizado en 1972 en la entonces Yugoeslavia.

Esbelto R. Álvarez fue otro de los pilotos de significativa trascendencia en esos años y gran impulsor de la actividad, incluso su esposa, señora Tomasa Darrain fue la autora de la letra de la marcha oficial de los volovelistas argentinos, obra que, contando con música de Juan Halzague, fue elegida para tal fin por un jurado en 1969.

El tiempo permitió luego ver en acción al hijo de ambos, Juan Bautista Álvarez, quien llegó a batir el record argentino de velocidad en 1983, luego de cumplir notables actuaciones en competencias de orden nacional.

Muchos pilotos pasaron por la actividad en nuestro medio y no es objetivo de este artículo hacer una nómina de todos ellos, aunque no puede soslayarse la labor de Joaquín Blanco a nivel nacional. Sin embargo se pretende, desde este espacio, dejar en claro que el motivo de esta nota es recordar que próximamente el aeródromo local será sede de un campeonato regional correspondiente a la zona centro, porque este solo hecho demuestra que el volovelismo pehuajense mantiene su vigencia. Claro que son otros los nombres, pero el espíritu es el mismo. Varias décadas de una historia jalonada por brillantes ornamentos de notables éxitos y por trágicas heridas de luctuosas pérdidas, sostienen el sueño de seguir volando, impulsando a los volovelistas al disfrutar de esa indescriptible felicidad de mantenerse en el azul del límpido cielo. Sí, así como reza la canción que cité al principio: “…Nel blu dipinto de blu / felice de stare lassú…”

Roberto F. Rodríguez.

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