Una montaña de fe

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Así pretendo graficar la labor de un jugador que, en el agónico empate del pasado domingo entre Deportivo Argentino y Defensores del Este en el “José Esteban Garré”, resultó determinante: Jorge Pospisil.

Un encuentro que comenzó ganando la visita sobre los diez minutos, cuando Naser envió un centro al corazón del área en un tiro libre y que Pospisil intentó cabecear pero la pelota dio en su hombro, descolocó a todos y se metió contra un palo.

Es cierto que el local lo dio vuelta en ese primer tiempo. Primero cuando González sorprendió a Ortellado que pretendía salir, le robó el balón y, con todo Defensores a contrapierna, cruzó un centro para que Ferrara, frente al arco libre, anotara la igualdad. Después llegó un impresionante golazo de Tallarico que, desde fuera del área y entrando por el callejón del 10, sacó un tremendo disparo que clavó el esférico en el ángulo superior izquierdo de Tolosa.

Sin embargo, ambas escuadras habían tenido otras oportunidades. Tolosa desvió por arriba un sorpresivo remate de Tallarico y tapó abajo otro intento del delantero, mientras que Naser, tras ganar dos veces dentro del área rival, definió muy mal ante Volpe.

En la segunda etapa, la visita fue por el empate y se desnudaron algunos desacoples defensivos ante la necesidad de cubrir más espacio con menos hombres en ciertos sectores. Entonces creció la figura de Pospisil, cuyo temperamento natural y la vehemencia en cada acción lo suelen exponer al roce inevitable y a la falta consecuente. Así se ganó la amonestación, pero lejos de sentirse condicionado siguió poniendo todo. No retrocedió ni se escondió, y fue a todos los cruces, aun a riesgo de que una llegada a destiempo significara una segunda amarilla que no sólo le marcara el camino hacia los vestuarios dejando a su equipo con un hombre menos, sino que implicaría también decirle adiós a la revancha. Pero no reparó en peligros y siguió tratando de contener a un rival que, cuando pudo lanzar sus hombres en contraataque, pareció que definiría todo. Y de hecho estuvo muy cerca, porque llegó a contar con varios contragolpes para poner ese punto final que le reclamaba su gente. En uno de ellos fue Amoroso el que se interpuso cortando la maniobra con falta y se ganó la amarilla. Antes, Ferrara había escapado por derecha y al habilitar a Tallarico que llegaba por el medio, el 9 pudo definir el pleito pero remató muy mal. Y también hubo otras dos maniobras contraofensivas de tinte letal en las que Tallarico se fue solo hacia los dominios de Tolosa, pero en ambas ocasiones no acertó en la definición. En la primera despidió un disparo muy débil desde fuera del área y en la segunda remató sobre la salida del uno que, en buena reacción, ahogó el grito de gol. Cuatro oportunidades claras que desperdició Deportivo. Cuatro nuevas chances para que Defensores siguiera con vida. Pero sin Naser en cancha y con Locastro abusando de la posición adelantada, poco podía hacer, aunque no por ello renunciaba a su sueño de empatar y Pospisil, primero con un disparo que desvió Barros y exigió una notable reacción de Volpe, y luego con un cabezazo hacia abajo que atrapó el uno, parecía ser el camino, aun cuando Deportivo no se diera cuenta.

La realidad mostraba que el tiempo expiraba y a Defensores se le agotaban los caminos, pero Pospisil no perdía la fe, seguía de pie, luchando, dando batalla en cada cruce, convencido de que iba a tener una más, quizá la última.

Entonces llegó el último minuto de los cinco adicionados. Una postal curiosa sobre el campo de juego. Tolosa fuera de su área y Ortellado solo en la media luna con la pelota en sus pies. El resto de los protagonistas poblando el área rival y sus inmediaciones. Era quizá la última bola de la tarde y Ortellado la mandó a suerte y verdad sobre Pospisil que, fuera del rectángulo peligroso, ocupaba el callejón del 8 pero aún de espaldas al arco. El balón le llegó, lo paró con el pecho sin ser siquiera molestado, y en un giro mortal quedó de cara a la ciudadela de Volpe dejando fuera de acción a su marcador, por lo que con toda la fe depositada en su pierna izquierda, sacó un disparo cruzado que se clavó arriba, cerca del segundo palo, haciendo estéril el vuelo del arquero azul. En la agonía de la tarde futbolera lugareña, Defensores empataba un partido que bien pudo haber perdido en varias oportunidades, porque perdió en muchas cosas pero jamás perdió la fe. Y Pospisil fue un abanderado de esa confianza. Un gol inolvidable que constituyó un premio para el zaguero central azulgrana que logró lo que sus enormes delanteros no pudieron conseguir, aun cuando esto quizá constituya demasiado castigo para el conjunto local. Pero así es el fútbol.

No tengo el placer de conocerlo personalmente. Nunca hablé con él, pero me da la sensación de ser de esos tipos que están dispuestos a dejar la vida en una cancha. Sí, de esos a los que si les dieran a elegir un sitio para morir, sin dudarlo elegirían caer para siempre sobre el verde césped en un partido decisivo. Porque nacieron para jugar ese tipo de partidos. El domingo pasado así lo demostró.

 

Roberto F. Rodríguez

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