Una luz en la penumbra

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Cuando Holgado abrió el marcador en el “José Esteban Garré” y puso a San Martín al frente del marcador sobre 12 minutos de juego, Deportivo Argentino aún no había empezado a jugar. Ausente. Con o sin aviso. Pero ausente ante el asombro de su hinchada que esperaba disfrutar de un domingo ganador y la cosa había arrancado demasiado mal. Previsible. Es cierto, por cuanto había tardado en acomodarse el equipo dueño de casa. Justo. También por el buen trabajo del elenco visitante que no especuló y asumió su responsabilidad de protagonista desechando la de partenaire.

La conquista fue un verdadero golazo. Los rojos del parque iniciaron una maniobra colectiva por derecha, llegó el pelotazo profundo para la proyección de Blanco, el pase atrás para Holgado que, en posición de 10 y con la mira clavada en el arco local, sacó un impresionante derechazo que superó el intento de Volpe y se clavó casi contra el ángulo superior izquierdo del arco que da espaldas al acceso General San Martín. Parecía demasiado lejos para superar un arquero de tal jerarquía y experiencia, pero el volante supo darle, a través de su pie, la información correcta a la pelota y su gente estalló en un grito.

Si hasta allí Deportivo había sido un puñado de camisetas azules deambulando por el campo, lo que siguió no fue mucho mejor. Vizio no se acercaba al área y prefería, en el mejor de los casos, abrir la cancha por las bandas, aunque a veces hacía girar el bolillero de la fortuna y lanzaba un pelotazo al número que salga. Entonces tanto su despliegue como sus intenciones terminaban siendo intrascendentes. Tallarico chocaba con los centrales adversarios permanentemente y Ferrara ni siquiera intentaba chocar. Todo era desorientación. Lejos estaban sus hombres de intentar componer un equipo ofensivo porque no mostraban convicción sino demasiadas dudas.

La expulsión de Quevedo sobre el final del primer tiempo dejó a San Martín con diez hombres y abrió las esperanzas para Deportivo con vistas a un mejor futuro.

En la segunda etapa, San Martín entregó pelota y terreno, buscando defender el resultado y especular con el contragolpe, maniobra ésta que, ante las vacilaciones ofensivas locales, generaron zozobra más de una vez en el fondo azul. De hecho, el juvenil Athos Ferracci pudo haber liquidado el pleito y no acertó en el toque final.

Deportivo tenía el balón pero no lastimaba. Su segundo marcador central, Castro, que era uno de los pocos que se salvaba de la crítica ante acertadas intervenciones, pasó a ser la figura azul cuando incursionó en el área rival y sufrió la falta que abrió el camino hacia el empate mediante un tiro penal. Tallarico se hizo cargo y clavó el balón al palo opuesto del elegido por Gebruers.

Con igualdad en el marcador y un jugador más en campo, Deportivo fue por la victoria. Sus jugadores lo creyeron posible y su gente también, porque San Martín mantenía muy poblada su zona defensiva con el objetivo de aferrarse al empate aunque sin renunciar a alguna corajeada que le diera un susto al rival.

El local iba una y otra vez, aunque sin resultados, mientras Cenerelli, reemplazante de Ferracci y decididamente ubicado como único delantero, esperaba un pase que nunca llegaba. Entonces vino a buscar el balón, encaró desde mitad de cancha y en diagonal de derecha hacia el centro. Urquiza solo lo persiguió. Frente a Volpe y ante el desesperado cierre de dos defensores, el delantero sacó un disparo bajo que se desvió en Castro y se fue a las mallas. Era el 2 a 1 que parecía poner punto final, mientras la parcialidad azul se preguntaba ¿por qué lo dejaron llegar hasta ahí? No había respuesta.

Para colmo Urquiza vio la segunda amonestación y dejó a Deportivo con diez. El azul estaba jugado a empatar o morir, ya con el zaguero Medina actuando como delantero en el área rival. San Martín lo pudo matar pero ni siquiera lo intentó.

Parecía que Deportivo no podía y San Martín no quería. De pronto, todo cambió. San Martín pareció irse del partido, como si sus hombres supieran que ya habían ganado, mientras Deportivo despertaba del segundo sueño y salía de la nebulosa. Como si una luz le aclarara el rumbo de su nave a la deriva, y esa luz fue Tallarico, un faro que alumbró a su equipo para sacarlo del mar de dudas en que estaba. El elenco azul, que nunca pudo mostrarse como ese galán perfumado que muchas veces pretende ser, pasó a ser el obrero transpirado por el esfuerzo. Sin glamur pero con enjundia. Y resultó. Tallarico habilitó a Medina con un taco notable y el zaguero, pisando el área rival, le devolvió el balón para que el 9 marcara el empate en tiempo de descuento, y cuando expiraban los seis minutos adicionados por el árbitro, nuevamente el goleador azul encaró a todo o nada, se sacó la marca, ganó un espacio, y definió con disparo bajo y cruzado contra el palo derecho. La parcialidad de los rojos no podía creerlo.

Fue una lástima que San Martín no haya jugado más tiempo como al principio, porque el espectáculo hubiera sido distinto. Quizá no supo, no quiso, o no pudo, pero lo cierto es que tuvo oportunidad de matar y terminó suicidándose.

Deportivo logró un triunfo agónico, de esos que se disfrutan tanto, pero sigue teniendo más peso en la tabla de posiciones que en el campo de juego. Un equipo que, si pretende ser una orquesta, debe entender que por lo pronto sólo tiene unos pocos solistas afinados. Nada más. El tiempo dirá si lo logrará alguna vez.

Roberto F. Rodríguez

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