Un sueño

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Hace 33 años, el 15 de mayo de 1986, un muchacho litoraleño, por entonces campeón argentino y sudamericano de los livianos juniors, intentó alcanzar el peldaño más alto de su carrera pugilística y fue en búsqueda del título mundial aceptando una oportuna oferta. Y me atrevo a decir oportuna porque ese muchacho siempre estaba bien entrenado y dispuesto a pelear cuando le tocara.

Nacido en el Chaco, aunque algunos lo consideraban correntino, Faustino Mártire Barrios era conocido en nuestra zona porque en 1980 había combatido en Bolívar frente a Rubén Stamuli perdiendo por decisión técnica, mientras que en 1985 se había anotado dos victorias por knockout en Daireaux, ante Antonio Ross y Raúl Pérez.

Fue en la misma ciudad de Daireaux donde el 4 de enero de 1986 puso en juego su título argentino ante el reconocido profesional deroense Alberto “Cola” Aragón, figura muy querida en toda la región. No fue un premio para el local porque éste se había ganado la oportunidad, dado que era vencedor del anterior campeón nacional, aunque en pelea donde no estuvo en juego el cinturón, Carlos “Gato” Olivera quien le había quitado por primera vez el título a Barrios en 1984.

Aragón, con 25 victorias, 2 derrotas y 4 empates, fue por la corona pero se quedó sin resto físico y Barrios lo superó sin discusión en las tarjetas.

Inmediatamente Faustino venció por puntos al siempre difícil Pedro Armando Gutiérrez y cuando pensaba en retornar a Daireaux para combatir allí el 9 de mayo de ese año, la oportunidad llamó a su puerta para ofrecerle una pelea por el título mundial de los livianos juniors ante el invicto campeón, el mexicano Julio César Chávez.

Desde los números que arrojaban las campañas de ambos protagonistas no parecía un buen negocio, pero los 15.000 dólares que cobraría Barrios justificaban la presencia del chaqueño en París.“El tren pasa una sola vez y hay que agarrarlo”, dicen que dijo Barrios cuando explicó las razones por las que aceptó la pelea.

Con 28 años de edad el argentino, aunque consciente de sus limitaciones, confiaba en sus posibilidades de victoria. Profesional desde 1978 contaba con 60 peleas de las que había ganado 32, empatado 13 y perdido 14, teniendo una pelea sin decisión, mientras que el mexicano tenía 49 peleas, todas ganadas, 41 antes del límite. Un record fulminante que no tenía comparación. Sin embargo Chávez no era entonces lo que sería en los años siguientes. Hasta mediados de los ’80 no había en su palmarés la constelación de nombres rutilantes que habría después. Pero era un campeón invicto y noqueador.

Obraba a favor del argentino las dificultades que había padecido el mexicano para poder dar el peso de la categoría, debiendo someterse a una ruda exigencia que, sin dudas, podía llegar a pagarla en pelea.

Barrios, dirigido por Santos Zacarías, ayudado por el campeón liviano Jesús Romero, y bajo la conducción general de Tito Lectoure, subió al ring con una ilusión que, no parecía tan inalcanzable. Mucho menos después del primer round donde Faustino dominó con el jab de izquierda, manteniendo a raya al campeón y buscando desgastarlo con movimientos constantes. El impecable estado físico del argentino le garantizaba respaldo aeróbico para más de 15 asaltos y quería hacer valer esa ventaja.

Aunque Chávez no consiguió encontrar la distancia más conveniente, en la segunda vuelta fue más resuelto y llegó con algunos impactos a la humanidad del retador, pero éste, que consiguió sorprender al mexicano con dos derechazos curvos desde afuera hacia adentro, se animó a más y se olvidó de la estrategia planificada. Creyó que podía. Que quizá era su gran noche. Se equivocó. Al buscar distancia para golpear dejó claros dónde recibir y Chávez, a partir del tercer round, le hizo sentir su tremenda potencia. Bien sustentado por sus piernas bien afirmadas, lanzó golpes certeros que lastimaron al argentino. El gancho de izquierda abajo en la cuarta vuelta fue casi una constante que el argentino no consiguió evitar. Pero todo terminó en el quinto, cuando Chávez descargó por línea interna una serie de golpes que abrieron una gran herida en la nariz de Barrios con profusa hemorragia. Fue la clara demostración que le pelea ya tenía dueño y solo era cuestión de tiempo, un tiempo donde el chaqueño, pleno de valentía, podía llegar a sufrir un impiadoso castigo con consecuencias impredecibles. El árbitro Jean Deswert separó a los contendientes y pareció que llamaría al médico pero con lo que vio fue suficiente para determinar que Barrios no podía continuar con esa herida y detuvo el combate declarando vencedor al mexicano a los 2 minutos y 3 segundos del quinto round. Moría el sueño de Barrios que no tendría otra chance titular de ese nivel y recién regresaría a esta zona en 1995 para combatir en Bolívar, pero ya era casi una sombra que venía de 5 derrotas en las últimas 6 peleas.

Barrios, que fue dos veces campeón argentino liviano juniors (o superpluma), se retiró a los 39 años, dejando un registro de 60 victorias, 41 derrotas y 20 empates en más de 120 peleas profesionales, en las que llegó a pelear por la corona mundial.

Fue hace exactamente 33 años, noche en la que enfrentó a Julio César Chávez y que hoy quise evocar. El chaqueño lo merecía.

 

Roberto F. Rodríguez

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