Rosario siempre estuvo cerca

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Un notable jugador argentino que admiraba mi viejo era Víctor Antonio Legrotaglie, un emblema del fútbol del interior que el mayoritario público argentino descubrió en los torneos de primera de A.F.A., cuando se disputaban los Nacionales y “el Víctor” llegaba a Buenos Aires con algún equipo mendocino para despertar admiración.

Nunca triunfó como profesional, seguramente porque en su mentalidad estaba el ser aficionado por siempre y jugar por placer, con un notable apego al espectáculo que se puede ofrecer a través de una gambeta endiablada y un toque inesperado, aunque también influyó mucho el apego a su barrio, su gente, su familia y sus costumbres, con lo que el rígido entrenamiento profesional suele poner demasiada distancia.

En ese aspecto, me decía mi viejo, “el Víctor” integra una terna inolvidable con otras dos glorias del fútbol del interior: el notable cordobés Daniel Alberto Willington (aunque nacido en Guadalupe, Santa Fe) y el rosarino Tomás Felipe Carlovich, tres figuras indiscutidas a quienes la gente iba a ver aunque no fuera simpatizante del equipo dónde jugaban. Porque ese trío era sinónimo de espectáculo, y si bien los tres llegaron a jugar en la división superior del fútbol argentino, el cordobés fue quien más lo hizo, pero jamás se consideró un verdadero profesional ni demostró demasiado interés en aparentarlo.

Es indudable que los tres merecen un espacio, pero hoy, 17 de abril, al cumplirse 45 años de un partido muy especial, es el momento de otorgarle el protagonismo a Carlovich, “el Trinche” como se lo ha conocido.

El recuerdo viene porque en aquella jornada de otoño de 1974, la Selección Nacional, que se preparaba para disputar la Copa Mundial que comenzaría en junio de ese mismo año en Alemania, se presentó en el estadio de Newell’s Old Boys para disputar un amistoso frente a un combinado integrado únicamente por jugadores de equipos rosarinos, elenco que no podría contar con el gran Aldo Pedro Poy, figura de Central que actuaba en el seleccionado albiceleste dirigido por Vladislao Cap.

Santoro, Wolf, Togneri, Sa y Tarantini, Brindisi, Telch y Potente; Houseman, Poy y Bertoni integraron la dicha selección, mientras que el conjunto rosarino se formó con cinco jugadores de Newell’s, 5 de Rosario Central y uno de Central Córdoba de Rosario.

Carlos Biasutto, Jorge José González, José Luis Pavoni, Armando Capurro y Mario Killer, Carlos Aimar, Tomás Carlovich y Mario Zanabria; Sergio Apolo Robles, Alfredo Obberti y Mario Kempes fueron los once de la representación local, aunque a esta altura es justo mencionar que Central venía de ser campeón del Nacional ’73 y Newell’s terminaría ganando el Metropolitano del ’74, por lo que el presente rosarino era muy importante.

Aún así se esperaba una buena demostración del equipo nacional que, en menos de dos meses, debutaría en el Mundial.

No fue así porque al cabo de los primeros cuarenta y cinco minutos el equipo que representaba al fútbol rosarino se imponía por 3 a 0 con goles del uruguayo González, “el Mono” Obberti y “el Matador” Kempes. Una fiesta de toque y fútbol con “el Trinche” Carlovich como abanderado, quien sacó todo su bagaje técnico de lujos para mostrar, haciendo pisadas, desairando rivales con toques inesperados y tirando caños por doquier.

Carlovich se hizo dueño de la mitad de la cancha y tras entretener la pelota en sus pies manteniendo ocupados a sus marcadores, sacaba imprevistos pelotazos que lastimaban la última línea rival.

Fue un baile que amenazaba con convertirse en catástrofe. Tal es así que el técnico Cap se olvidó del resultado, renunció a todo intento por dar vuelta la historia, y realizó tres cambios impensados, retirando a tres valores de neta vocación ofensiva, Brindisi, Houseman y Bertoni, haciendo ingresar en su lugar a tres hombres de mayor capacidad de marca y buen despliegue físico: Squeo, Cocco y Chazarreta.

¿Qué técnico sería capaz de sacar a tres hombres de ataque y poner tres volantes con marca en un partido que va perdiendo por 3 a 0? Sólo alguien que teme sufrir una de esas goleadas que obligan al despido del técnico.

Pero con eso no se solucionaba el problema porque Carlovich parecía incontrolable. Por eso dicen que Cap le pidió a los técnicos Montes y Griguol, que dirigían al equipo rival, que lo sacaran al exquisito volante de Central Córdoba que militaba en la B. ¿Fue tan así? No está comprobado pero lo cierto es que Carlovich fue reemplazado por “el Gringo” Berta para el segundo tiempo.

Las aguas se tranquilizaron bastante y Poy, estandarte rosarino que lucía la albiceleste, descontó a 20 minutos del final. Fue 3 a 1 y sólo le bastaron 45 minutos a Carlovich para mostrar que todo lo que se hablaba de él era cierto. En un solo tiempo “el Trinche” bailó a la Selección Nacional.

Llegaron ofertas pero este humilde muchacho rosarino decidió seguir junto a sus familiares y amigos en la Rosario de su vida, desechando toda posibilidad de meterse de lleno en el profesionalismo. Había jugado dos partidos para Central de 1969 y llegaría a jugar otros dos para Colón en 1977, incluso también anduvo por Mendoza, pero su vida estaba en Rosario y de allí no quería moverse. Una lástima, porque desde Buenos Aires, y tal como dice Fito Páez, Rosario siempre estuvo cerca.

 

Roberto F. Rodríguez

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