Nos dejó un Maestro

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El pasado martes 4 nos dejó un verdadero referente del fútbol local: Alfonso José Mel, cuyo corazón futbolero, con 86 años, a cuestas decidió detenerse para siempre. Y en el pesar que genera la pérdida de un valor reconocido, surgen los recuerdos y el repaso de su historia, particularmente la deportiva, la que lo trajo a Pehuajó desde Francisco Madero.

Nacido en el penúltimo día del verano de 1933, mostró su inclinación hacia el fútbol no sólo para jugarlo sino también para transmitirlo a los jóvenes que comenzaban a soñar con llegar a una Primera división.

José llegó a Estudiantes Unidos a fines de la década del ’50, cuyo último lustro estaba siendo totalmente dominado por Defensores del Este, que le había ganado los dos partidos finales (3-2 y 6-1) al referido Estudiantes, llevándose el campeonato de 1957 con un elevado poder ofensivo.

Por eso, la incorporación de quien llegaba precedido de cuanto se hablaba de sus condiciones, fue muy bien recibida por la parcialidad albinegra, y él se encargó de mostrar rápidamente que no estaban equivocados.

Rápido en sus desplazamientos, inteligente para jugar, de buen pique desequilibrante y muy buenos remates de media distancia, contaba con la facilidad de manejar los dos perfiles para pegarle al balón.

Fue parte importante de la campaña estudiantil de 1958, en la que terminaron en la tercera posición, detrás de Defensores y Maderense. Ese año, Estudiantes ganó diez partidos, empató uno y perdió cinco, conquistando 47 goles a favor, de los cuales trece fueron convertidos por José Mel, e igual cantidad por Alberto Patiés.

Ese año, José fue convocado a integrar el seleccionado pehuajense que participó del campeonato argentino. Estuvo presente en dos encuentros amistosos preparatorios. El primero frente a Ferro Carril Oeste de Trenque Lauquen, encuentro que finalizó empatado 3 a 3 y en el que José marcó dos goles, uno de ellos de cabeza, demostrando también capacidad para el juego aéreo.

El otro partido fue un empate uno a uno, ante Henderson, y aunque no salió como titular, ingresó en el segundo tiempo.

Finalmente, luego de varios cotejos amistosos, llegó el momento de la verdad, y pese a la numerosa cantidad de delanteros que habían actuado, José fue elegido para ser titular en el debut por el campeonato.

En ese tiempo, esos torneos se jugaban a simple eliminación, es decir que sólo seguía en carrera el ganador, y a Pehuajó le tocó jugar como visitante ante Carlos Casares, encuentro que afrontó con una formación integrada por: Debórtoli, Juan Carlos Patiés y Bertoldi; Pallero, Ridella y Almirón; Ángel Pascual, Vitángeli, Razquin, Bernoldi y Mel.

El partido finalizó uno a uno, debiendo recurrir a tiempo suplementario, donde el local se impuso tres a uno, dejando fuera del torneo al elenco albiceleste.

Con capacidad demostrada, José integró una nueva formación albinegra para 1959, que llegó otra vez a la final ante Defensores del Este, equipo que ostentaba el tetracampeonato e iba por el penta. Pintos, Juan Carlos Patiés y Médice; Roberto Plaza, Baroni y Hernán Pérez; Gromaz, Rojas, Mel, Celso Patiés y Ángel Plaza, fue la formación estudiantil más habitual, pero nada pudieron hacer ante el elenco azulgrana que volvió a vencerlos en los dos partidos finales (8-1 y 2-1).

Estudiantes quería recuperar sus años de gloria y para 1960 armó un gran equipo con: Pintos, Alberto Patiés y Cremaschi; Plaza, Pintos y Drago; Caputa, Lamandía, Mel, Altube y Celso Patiés, llevándose el ansiado campeonato.

Repitió al año siguiente pero ya con un plantel muy nutrido, donde había delanteros como: Lamandía, “Chita” Abeldaño, Caputa, Murugarren, Bermúdez, Celso Patiés y Ortelli.

Sin embargo, Estudiantes ganó el título al vencer en dos finales a Calaveras, con un equipo integrado por: Carlos; Drago y Caprara; Plaza, Lozano y Santos; Mel, Bermúdez, Caputta, Celso Patiés y Ortelli, siendo José Mel el autor del gol de la victoria por dos a uno, en la segunda final, cuando restaban 10 minutos de partido.

En los años inmediatos siguientes, el albinegro no cumplió buenas campañas pero José siguió marcando goles durante el primer lustro de la década.

Luego llegó el retiro y continuó con la enseñanza en divisiones formativas, llegando a ser técnico de la Primera división estudiantil que obtuvo el campeonato de 1976, un torneo que, al repasar la calidad de los rivales, adquiere mucha más relevancia todavía, debido a los grandes equipos de: Calaveras y Atlético Mones Cazón, el plantel de selección que presentó San Martín, el fútbol estético y efectivo de los juveniles de Deportivo, y el equipo de Sarmiento que cumplió, llegando a ese hexagonal final, su última gran campaña.

Por eso Alfonso José Mel fue, sin dudas, un significativo valor  que se yergue cual elevada figura en la historia de Estudiantes Unidos, por todo lo que logró como jugador, lo que enseñó como formador, lo que transmitió como entrenador y  por el recuerdo que dejó como persona.

¡Descanse en paz, Maestro!

 

Roberto F. Rodríguez

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