Noche de fútbol

En un campo pesado que mostraba complicaciones para quienes intentaban manejar la pelota con la claridad necesaria, debido a las dificultades que presentaba para las entregas y la recepción del balón, Balonpié supo marcar la diferencia en el partido definitorio que, por la clasificación al Petit torneo, disputó ante Unión de Curarú en la noche del lunes en el estadio de Defensores del Este de nuestra ciudad.

Un partido en donde la pelota parecía en principio empecinada en arrimarse a los pies de los hombres de Unión, quienes la acercaban peligrosamente hasta el área visitante, pero la defensa bolivarense daba la impresión de tener todo controlado. Sin embargo, sobre los 7 minutos se encendió la alarma accionada por los desencuentros defensivos que suele sufrir esa última línea y que le han costado más de un dolor de cabeza en este torneo. Fue cuando Díaz, oficiando de puntero izquierdo, llegó solo a buscar el balón y sacó un tremendo disparo que elevó el esférico sobre el horizontal. Fue la primera situación clara de gol generada frente al arco defendido por Aranas. Un aviso del que la defensa de Balonpié no tomó debida nota.

Era el momento de Unión para poner a su rival fuera de combate. El tiempo de asestar el golpe que diera la ventaja que siempre tiene el que pega primero. Pero Balonpié, aún desacomodado en el fondo, no buscó refugio en esa zona del terreno regalando espacios y pelota al rival con la obligación de que éste supiera emplear estas concesiones bajo la presión de quedar expuesto al contragolpe. De ninguna manera. Balonpié, lejos de preocuparse por enfriar las acciones aquietando el ritmo del partido, fue al palo por palo, a intentar devolver con fútbol cada embestida de su envalentonado rival. En definitiva: Balonpié no tuvo miedo y siguió fiel a su estilo, identificado con la gestación de buen fútbol en mitad de cancha para, desde allí, avanzar con toques sucesivos alimentando a sus peligrosos delanteros.

Sin embargo, Unión se puso en ventaja sobre los 9 minutos cuando Benavídez fue habilitado a espaldas de los centrales bolivarenses y definió ante la salida de Aranas.

Balonpié no renunció a su juego y siguió buscando el gol. El veterano arquero Niz tuvo un par de buenas intervenciones ante Miramón y Jorda, pero finalmente fue vencido por Facundo Iriarte que definió sin problemas tras una gran habilitación de Piergüidi cuando se cumplían 37 minutos de juego.

El 9 era el número de la noche. Quienes lucían esa casaca en ambos equipos se habían hecho presentes en el marcador. No obstante, cuando se hizo notoria la presencia de Iriarte como principal arma de definición del elenco bolivarense, quedó en claro la diferencia entre una y otra carta de triunfo. Iriarte jugaba la pelota contra el piso, buscando asociarse con sus compañeros y desmarcándose para recibir. Benavídez estaba solo. Con toda su potencia, sus ganas y su indiscutido oficio de delantero de área. Pero solo. Siempre solo. Como el alma de la famosa canción de Pedro Guerra o como dice el viejo tango de Miró y Kaplún.

Balonpié sacó ventajas al comienzo de la segunda etapa. Primero, cuando en el asedio a la valla de Niz, Sardón sacó un remate defectuoso y Miramón corrigió la trayectoria poniéndole el pie y enviando el balón contra el palo izquierdo, y luego, cuando Giampietri, ya metido decididamente en el partido, simplificó todo poniendo un pase perfecto para dejar a Iriarte en solitario frente al arquero de Unión, quien tapó en primera instancia pero no pudo retener y el goleador, haciéndose nuevamente del balón, lo esquivó y definió hacia el arco desguarnecido.

Unión ensayó dos cambios, haciendo ingresar a Frankenberger y Mancisidor, pero sólo agregó potencia en disparos de media distancia que no trajeron más que cierta preocupación para el arquero Aranas. Entonces, cuando las ideas no aparecían, el albo apeló al esfuerzo conjunto o individual, no había tiempo por delante como para detenerse a elegir uno u otro. De allí que todo su accionar ofensivo fue decididamente temperamental, cargado de una vergüenza deportiva que empujaba a sus hombres a ir por el descuento como escalón fundamental para aspirar a un lejano empate. Buscó como pudo y con los pocos recursos de que logró disponer. Pero aún en esa atropellada, Gutiérrez y Arzani estuvieron muy cerca de convertir.

Lo cierto es que Unión no claudicó. Luchó con orgullo hasta el final. No le alcanzó.

Lo de Balonpié también resulta elogiable, porque no se achicó cuando el rival parecía erigirse en el dueño del partido, pero tampoco perdió concentración cuando debió mantener el resultado que le era favorable.

Roberto F. Rodríguez.

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