Los franceses tenían razón

Le Miroir du Football, traducida como Espejo Fútbol, fue una reconocida publicación deportiva francesa que circuló con gran éxito entre 1960 y 1979. Se trataba de un órgano periodístico cuya línea editorial era decididamente partidaria del juego bonito, destacando en grandes columnas al fútbol sudamericano que, por entonces más que nunca, se destacaba por un fútbol lírico.

¿A qué viene el comentario? A que recordé, entre tantas cosas que uno ha leído, que las prestigiosas plumas que escribían en aquella revista afirmaban que el famoso uno-dos (denominación europea de lo que nosotros conocemos como: la pared) es mucho más efectivo cuando participan tres y no dos. La idea es que un jugador habilita a otro con un toque y pica en busca de la devolución, ésta llega y el que recibe no la devuelve a quien lo habilitó sino que cruza el pase hacia el otro sector para la llegada de un tercero que, al no estar dentro del campo visual original de la defensa, sorprende y queda en ventaja para definir.

El concepto es claro y no admite mayor discusión. Lo expreso porque en la aburrida tarde del último domingo, en el “Jesús Díaz” de Atlético KDT, vi algo que me recordó aquel artículo del semanario francés.

No obstante –resulta justo aclararlo– antes de aquel punto de inflexión en mi memoria, había existido un muy pobre primer tiempo entre los albirrojos dueños de casa y los ocasionales visitantes: los albos de Curarú, vale decir: Unión, dentro del cotejo correspondiente a la segunda fecha de las revanchas del torneo local.

Un primer tiempo carente de emociones, con Luis Sánchez insinuándose como el delantero más peligroso de la visita, dado que tuvo tres oportunidades que no supo aprovechar: una escapada por derecha que no tuvo la velocidad necesaria y permitió un oportuno y casi agónico cierre de un defensor, un acrobático ensayo con una tijera que mandó el balón lejos del arco, y un último intento cuando no pudo definir correctamente ante Gentile, que cedió un tiro de esquina sobre el arco que da espaldas a la laguna. Después muy poco: la intención de Maximiliano Continente de hacerse dueño del medio ante la ausencia de volantes con oficio de marca en el local, la movilidad (no siempre acorde a lo que pedía la jugada) del delantero Inghentron, el distanciamiento de Frankenberger con la puntería, y la tranquilidad de Dante Orificci que, por decisión del técnico, fue el arquero titular.

Por el lado local: mucho menos. Con una defensa sin mayores sobresaltos, un mediocampo creativo y sin recuperación, y dos delanteros que preocupaban con su sola presencia. Pero KDT no llegaba ni cerca. Sólo Burgos en un desprendimiento ofensivo al comienzo por izquierda que definió muy mal, y la más clara del partido sobre el final: tiro de esquina desde la derecha, despeje que da lugar a segunda jugada, nuevo centro que encuentra saliendo a toda la defensa blanca, Tomás Carrica que rompe la línea entrando habilitado y, solo frente a Orificci, cabecea desviado aunque muy cerca del palo izquierdo.

La segunda etapa se encendió con la jugada mencionada al principio. Un tiro libre en tres cuartos de cancha sobre la izquierda que toma Burgos. Con la defensa desacomodada, el volante ejecutó rápido con toque corto para Funes hacia adentro, éste habilitó con gran precisión y en un toque largo a Galeano que picó por izquierda, la defensa se movió toda y cuando el volante ofensivo tomó contacto con el esférico, cruzó el centro a la carrera hacia el medio del área por donde Hidalgo entró solo y, ya dentro del área chica,  derrotó a Orificci, quien no alcanzó a reaccionar en la medida de las circunstancias.

Un gol a cuatro toques de primera, que puso de manifiesto perspicacia, velocidad, precisión y técnica. Digno de la revista “Le Miroir du Football” que ya se maravillaba cuando participaban tres en la maniobra.

Los muchachos de Unión siguieron en el campo de juego con dignidad, pero casi podría afirmarse que, interiormente, sabían de lo difícil que sería remontar la escabrosa cuesta que representaba el partido y ya no mostraron la fuerza del principio. 

Al albo le quedaba el remate de media distancia, pero Frankenberger seguía peleado con la puntería, lo que obligaba a otros a intentar, pero sin la mejor técnica del 10 unionista, por lo que jamás llegaron a sobresaltar a Gentilli de esa manera.

Tallarico perdió una inexplicable oportunidad mano a mano con Orificci, quien reaccionó en gran forma, pero en la siguiente que tuvo el delantero definió por sobre la cabeza del uno y cerró el partido.

Volvió Andrich, luego de varios partidos ausente por lesión, y perdió una oportunidad que, con más rodaje, no hubiera perdido. Aún así hizo casi todo bien: llegó por derecha con pelota dominada, enfrentó a Orificci cerca del vértice del área grande, enganchó hacia adentro dejándolo en el camino y remató hacia el segundo palo, pero desviado.

La expulsión del lateral visitante Héctor Chelía le puso punto final a un partido que estaba terminado hacía unos cuantos minutos.

Ganó KDT, un partido que necesitaba ganar para no abandonar el lote superior de los candidatos, pero no le sobró nada. Aún así nos regaló un gol como hace mucho no veíamos. Un gol que me recordó un artículo de un viejo semanario deportivo francés de los años 70. Está claro que la sorpresa, asociada a la técnica, velocidad y precisión, no pierden vigencia en el fútbol.                                                     

                                                                                               Roberto F. Rodríguez. 

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