Apenas una página

La ilusión estaba intacta. El inicio del Petit Torneo con un partido adelantado entre nada menos que Deportivo Argentino y Huracán de Carlos Tejedor se presentaba con una irresistible invitación para volver a escribir sobre nuestro fútbol actual. Y hacia allí fui. Con las esperanzas de ver lo suficiente como para llenar varias páginas de mi libreta de apuntes.

Resulta obvio a esta altura de la semana que el resultado de dicho partido sea conocido y las opiniones mayoritarias coincidan en que fue absolutamente mediocre, pero siempre quedan cosas para exponer. No voy a criticar por una sencilla razón: no soy futbolista y nunca lo fui. Por lo tanto, con el debido respeto hacia todos los protagonistas, me atrevo a dejar algunas impresiones que, desde fuera del campo de juego, pude percibir.

Deportivo y Huracán no se sacaron ventajas y aunque pareciera que ambos jugaron para ganar, no pudieron o no supieron hacerlo.

No había visto al equipo tejedorense y me pareció interesante, especialmente su volante central Gastón Regis, un calvo mediocampista, fácil de ubicar visualmente, movedizo y generoso que pareció estar en todas partes y casi siempre respondió con acierto, recuperando la pelota y jugándola con criterio. Claramente práctico, no necesitó mostrar chispazos de talento o quizá no encontró interlocutores con quienes establecer un diálogo futbolístico destacado, apenas algunos encuentros con Boris Reid, otro valor que mostró cosas interesantes, pero no hubo una comunicación fluida, como tampoco la tuvo lo suficiente con Paredero.

Aún así buscó el arco e intentó sorprender a Volpe con un disparo de media distancia cuando el uno estaba adelantado. Pero tratándose de Volpe no es tan fácil sorprenderlo y en una clásica reacción de su estilo, Víctor terminó elevando el balón por sobre el horizontal, aunque no sin un gran esfuerzo.

El resto acompañó, sin destacarse demasiado porque el trámite del partido, absolutamente deslucido, no lo permitió. Sin embargo, se puede mencionar a Ignacio Erramouspe, zaguero central huracánense que cumplió una prolija labor, ganando de arriba y controlando su zona por lo bajo. Es cierto que las deficiencias ofensivas del rival le facilitaron esa tarea, pero ello no es su culpa.

Por el lado del local, se vieron desvanecer rápidamente las esperanzas depositadas en un histórico: Andrés Collado, un gran jugador que, prácticamente desapareció muy pronto del enfoque de la lente, es decir que su figura no surgió como impresión dominante ante la imagen que podía ofrecer una cámara destinada a seguir cada jugada, porque su participación fue demasiado escasa para la dependencia que suele tener de él todo el fútbol de Deportivo. Participó poco porque no buscó ni lo buscaron. Cuando tuvo tiempo y espacio (elementos que el fútbol actual casi nadie dispone), aportó lo suyo, pero no alcanzó ni para levantar un tímido aplauso de su parcialidad.

En cuanto a Juan Martín Tallarico, una de las máximas cartas de triunfo que tiene el conjunto azul, no lució como en otras tardes y pareció sentir la presión de la marca que, decididamente, absorbió sus movimientos obligándolo a retrasarse demasiado, hacia donde sus atributos ofensivamente letales, cotizan mucho menos de lo que valen dentro del área

¿Dónde estuvo lo mejor del azul? En el medio, definitivamente, no, porque sus volantes no consiguieron prevalecer en esa zona y muchas veces fueron meros espectadores de pelotazos que pasaban por sobre sus cabezas en búsqueda de los hombres de ataque. Pero sí podemos decir que lo mejor de Deportivo estuvo en los 35 metros que van desde su propio arco hacia delante. La seguridad de Víctor Volpe, que tuvo más trabajo que su colega rival Mazzetti, la firmeza de Matías Urquiza en el fondo y la calidad notable de Juan Luis Carrica, un zaguero completo que juega en alto nivel con el correcto sentido de la ubicación, pero demostrando capacidad para ir al cruce cuando es necesario. En ese triángulo defensivo estuvo el soporte de la estructura azul, con una defensa sólida que no permitió mayores filtraciones, aunque curiosamente, sus situaciones más claras en la ofensiva también tuvieron que ver con Urquiza y Carrica. El primero, en la etapa inicial, llegó exigido a un centro muy elevado, pero igual consiguió impactar el balón con la cabeza y el esférico se fue alto. El segundo, en la etapa final, metió un impresionante cabezazo que hizo estrellar el balón en el horizontal del marco visitante. Y ahí pudo haber encontrado el azul el gol de la victoria.

Es cierto que la visita también tuvo una clara oportunidad para convertir sobre el final, cuando un toque distinguido de Tondo dejó a Reid mano a mano ante Volpe pero ganó el uno.

El partido no dio para más y, de mi libreta de apuntes, apenas utilicé la primera página. Sólo me queda aportar como conclusión que: Deportivo, aunque no pudo desplegar los característicos atributos que cimientan su estilo centenario, es mucho más que esta tímida versión. Huracán no sé, fue la primera vez que lo vi, pero espero pueda mejorar su producción. Valores tiene. Sólo a través del tiempo podremos arribar a conclusiones definitivas.

Roberto F. Rodríguez.

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