La ingratitud tiene mala memoria

¿Cuál es la idea? Muy simple: Ser el más vivo en el puesto más bobo. Y eso no es un descubrimiento mío ni mucho menos, sino una verdad tan vieja como el fútbol mismo que solía repetir nada menos que Hugo Orlando Gatti. Una verdad que conocen quienes asumen la responsabilidad de hacerse cargo de una función ingrata: evitar el gol. Si lo consiguen cumplen con su deber. De lo contrario son los responsables del resultado, como si los diez compañeros del equipo no tuvieran nada que ver. Es cierto que son distintos, que ocupan el puesto más individualista dentro de un juego colectivo, pero saben también que todo el impresionante trabajo de una tarde puede quedar opacado en un segundo si sufren un gol, digamos, “prevenible”. Y digo todo esto para comenzar a explicar el 2 a 1 de la victoria de Deportivo Argentino sobre Atlético KDT el pasado domingo en una ventosa tarde vivida en el “Jesús Díaz”; a la vera del terraplén más famoso de nuestra historia pueblerina.

Porque en un partido que no despertaba emociones, sobre los 37 minutos Ríos capturó un rechazo fuera del área y remató hacia el arco que da espaldas a la laguna. Un disparo carente de potencia sorpresiva, ligeramente oblicuo y rasante que llegaba tocando bocina como cuando los trenes se aproximan a la estación ferroviaria. Tan así que debía ser presa fácil para un arquero de la categoría de Luciano Gentili, quién ha llegado a ostentar el galardón de haber sido considerado el mejor jugador de esta Liga en un torneo oficial, no hace tanto. Pero la vida te da sorpresas y aunque el uno se ubicó en la posición correcta para interceptar el disparo, la pelota se le escurrió de las manos, pasó bajo su cuerpo y atravesó la línea de sentencia, determinando que Deportivo pasara a ganar el partido. Demasiado castigo para el guardavalla. Justo premio al optimismo de Ríos que, como es su costumbre, decidió probar suerte y la fortuna le sonrió.

Quizá parezca decididamente injusto cargar las tintas sobre Gentili, culpándolo del calamitoso desenlace de la jugada, pero no hay otro responsable. Mal que le pese al uno. Y eso no fue todo. Lo más dramático para su jornada ocurrió tres minutos después, cuando la visita tuvo un tiro libre a favor en las puertas del área sobre el callejón del 8, y la gente de KDT vio que Lucho tendría la oportunidad inmediata de redimirse de la jugada anterior, luciéndose para amortiguar los efectos negativos de aquel gol inesperado. Sin embargo no fue así. Arive tomó la ejecución y le entró al esférico pasándolo por encima del primer hombre de la barrera. El uno intuyó la maniobra y se movió para el lado correcto, dispuesto a ensayar un vuelo conmovedor que lo llevaría a encontrarse con la pelota, salvo –claro está– que esta se clavara en el ángulo. Créase o no: así fue. La pelota, impulsada por un chanfle magistral del volante azul encontró resistencia en el viento que no le permitió cerrarse hacia el medio del arco y terminó clavándose en el ángulo superior izquierdo. Gentili voló, aunque su vuelo no fuera más que una infructuosa búsqueda de atajar lo inatajable. Golazo.

En tres minutos, Deportivo alcanzaba en el marcador lo que no había demostrado en el nivel de juego: superar a KDT. Por hasta ahí el albirrojo había dado muestras de su peligrosidad, con Tallarico generando juego a espaldas de Arive, y Burgos ocupando espacios libres detrás de Collado que, ubicado sobre la derecha no rendía. Sus pelotazos iban siempre contra el viento que surcaba la cancha. Su presencia sobre ese costado no solo empujaba a Ferrara a jugar más adelantado, sino que además dejaba demasiado espacio entre el medio y la extrema defensa, lo que obligaba al lateral derecho Galeano a salir muchos metros más delante de su posición, llegando algunas veces a destiempo y cometiendo faltas, una de las cuales –cuando derribó a Tallarico sobre la banda– mereció una amonestación que el árbitro Bartolomé no impuso.

Para entonces Díaz había tenido dos buenas intervenciones, desviando con sus piernas un tiro libre bajo de Tallarico y descolgando un tremendo disparo de Burgos. Como no hay dos sin tres y –además– dicen que la tercera es la vencida, sobre el final de la etapa y con el azul dos goles arriba llegó el descuento cuando Hidalgo capturó un rebote que dio el arquero ante la intervención ofensiva de Andrich, y anotó un gol que acercaba más el marcador a la realidad.

La segunda etapa no pasó de ser un pobre espectáculo. Ingresó Funes por Andrich en el local, pero solo hubo unos intentos desordenados buscando el empate. Mendizábal mandó Matías Collado a la cancha por el delantero Cañete y el azul se paró con Arive y Ríos por el centro del medio campo, los hermanos Collado como extremos en esa zona, y Sosa y Ferrara arriba. Y el partido cambió. No mucho desde lo táctico pero sí desde lo anímico, porque la presencia de Matías consiguió, con algunas actitudes, alterar los nervios de varios rivales. Rodríguez lo cruzó mal y vio la roja. Todo quedó para el azul, pero sus hombres se empeñaron en definir siempre desde fuera del área demostrando una pésima puntería, mientras que cuando exigieron a Gentili en serio, éste respondió bien, siendo fundamental en mantener a su equipo a tiro del empate con intervenciones que seguramente quedarán en el olvido después de aquel fatídico primer gol. Sin embargo el albirrojo sufrió también la expulsión de Juan Carrica por doble amonestación, cuando derribó a Orellano –reemplazante de Ríos– que ensayaba un nuevo contragolpe, quizá imaginando que sus compañeros lo terminarían tan mal como los anteriores, pero el zaguero facilitó las cosas.

Imposible lograr con 9 lo que no pudo conseguir con 11, por lo que KDT dejó la victoria en manos de Deportivo en un partido chato, donde el error de un arquero resultó decisivo, más allá de su labor posterior. Así de ingrato es el puesto. Así de cruel es el fútbol a veces.

Roberto F. Rodríguez.

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