El pibe de Avellaneda

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Nacido en Avellaneda, en 1940, encontró en el fútbol una diversión que cultivó con los pibes del barrio. Fue así como llegó al equipo del oratorio Don Bosco, un convento ubicado en Salta y Helguera, en Sarandí, partido de Avellaneda. Era un predio de tres manzanas, cercanas a los terrenos del Ferrocarril Belgrano. Allí estaba el padre Prieto, un sacerdote muy aficionado al fútbol y que insistía con exigirles a sus dirigidos que le pegaran a la pelota con ambas piernas. El otro referente eclesiástico que tomaba parte de la organización de certámenes barriales era el padre Coerezza, un cura que era hermano de Norberto Coerezza, el único árbitro argentino que dirigió en dos campeonatos mundiales.

Con ese equipo participaban de los torneos que organizaban los oratorios y así llegaron a disputar una final frente a un fuerte equipo del Oeste del conurbano bonaerense que terminó derrotándolos. En aquel de Don Bosco jugaban también: Ojeda, Carbone, Montes, Jaime y el recordado Roberto Perfumo, con quien Hugo cultivó una reconocida amistad. El famoso zaguero argentino, denominado como “El mariscal de área” que, con el tiempo se redujo solamente a “Mariscal”, fue figura de Racing Club en los años ’60 y de River Plate en la década siguiente cuando retornó del Cruzeiro de Bello Horizonte, habiendo defendido la casaca nacional en los campeonatos mundiales de Inglaterra 1996 y Alemania 1974, dado que en Brasil 1970 Argentina no participó por haber quedado fuera en las eliminatorias y en las que Perfumo jugó en todos los partidos. Su reciente desaparición física sacó a relucir nuevamente su trayectoria como futbolista e hizo que todos estos datos fueran mencionados una y otra vez.

Lo cierto es que Perfumo era un par de años más joven que Borjas y otros integrantes de aquel equipo infantil de Don Bosco, pero aún con su físico esmirriado y sus problemas de salud, se las arreglaba para ser figura de dicho conjunto. Un equipo que lucía la camiseta de San Lorenzo de Almagro, porque cuando aquellos pibes lograron reunir el dinero necesario y concurrieron a una casa del ramo ubicada frente a una estación ferroviaria en Lanús, solo consiguieron la azulgrana y no hubo posibilidad de elección.

Cuando la familia Borjas se mudó, la incipiente juventud de Hugo encontró un camino en las divisiones menores de Argentinos Juniors, donde creció futbolísticamente, pasando luego  por Dock Sud y por Temperley.

Con 19 años de edad y todo para integrar la primera división celeste, no encontró el respaldo económico por parte de la institución y decidió poner proa al interior. Surgió una posibilidad de jugar en el fútbol pehuajense y aceptó incorporarse al Club Deportivo Argentino. Procedente de un fútbol muy distinto al que se jugaba en estas regiones y marcó diferencias exhibiendo gran capacidad para marcar cualquiera de las puntas, porque sabía arrinconar al wing contra la raya, pero con la seguridad de saber cruzar justo con su otra pierna si el puntero intentaba una diagonal. En 1964 regresó al fútbol del Ascenso para jugar en El Club Atlético Luján, entidad que venía de ganar el ascenso desde la Primera D a la C y donde jugaba su hermano Raúl.

De allí pasó al Club Atlético Piraña, entidad afiliada a la A.F.A, en 1961 y que participaba en la división D.

El Club fue fundado con ese nombre en honor al famoso delantero boquense Jaime Sarlanga, notable figura del fútbol argentino en los años ’40 y quien era apodado “Piraña”.

Allí Borjas tuvo como compañero a un pibe muy delgado, de clase social muy humilde que procedía de Villa Fiorito y que había llegado a Piraña solo como acompañante de un amigo para una práctica. Por esas cosas del destino lo invitaron también a jugar y el pibe hizo estragos en la defensa rival, siendo inmediatamente fichado en la entidad. Algo que ya creía imposible luego de haber sido rechazado en Los Andes y Racing. Ese pibe se llamaba Héctor Casimiro Yazalde, quien luego sería extraordinario goleador en Independiente y el Sporting de Lisboa en Portugal.

Borjas dejó Piraña y retornó a Pehuajó, aunque para incorporarse a Calaveras, donde formó parte de un gran equipo que estuvo cerca del título en aquel 1967 y que constituyó la base del bi-campeón de 1968/69. Pero cuando los títulos sonrieron a la entidad de Matadero, Hugo había regresado a Deportivo Argentino, donde mostró toda su experiencia y hasta cierta rudeza, propia de aquel fútbol de la C y la D, que no había exhibido en su primera etapa en la institución azul.

Durante toda su trayectoria en Pehuajó no pasó desapercibido a los técnicos de los distintos seleccionados locales que, no dudaron en convocarlo. Entre 1960 y 1972, defendió en 32 ocasiones la casaca albiceleste pehuajense, llegando a jugar dos campeonatos argentinos.

Como marcador de punta fue un referente del puesto, respetando el buen manejo, la salida clara y la correcta entrega del balón en función del juego, conocimientos que supo transmitir a los juveniles cuando dirigió divisiones menores.

Hugo se afincó en nuestra ciudad y es un reconocido vecino que, además de su participación deportiva en Pehuajó, ama el fútbol y se dio el lujo de haber jugado junto a dos monstruos sagrados: Roberto Perfumo y Héctor Yazalde. Nada menos.

Roberto F. Rodríguez.

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