El maestro

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Hace exactamente 36 años, en la ciudad de Medellín, Colombia, moría Osvaldo Zubeldía, un gran futbolista y uno de los técnicos más influyente en el empleo de cierto sistema de juego en el fútbol a partir de la segunda mitad de los años ’60.

Nacido en Junín, el 10 de julio de 1927, llegó a Vélez Sarsfield en 1949, cuando la entidad de Liniers, abocada a la construcción de su estadio, no solo no destinaba presupuesto para la adquisición de jugadores sino que hasta se había desprendido de varias figuras con el objetivo de generar ingreso de más divisas para convertirlas en cemento.

La partida del habilidoso Isaac Sclair pareció colmar la paciencia de la hinchada y hubo que salir a buscar jugadores. Y encontraron. Lejos de la Capital Federal, más precisamente en un terreno baldío devenido en potrero en el barrio Villa Ortega de Junín. Ahí estaba Osvaldo dándole a la redonda y no fue necesario observarlo demasiado tiempo como para que convencieran sus condiciones. La incorporación fue un hecho y con él se trajeron a otro pibe: Pablo Mallegni que vieron en ese mismo lugar.

Osvaldo debutó en la primera fecha del torneo de A.F.A., el 24 de abril de 1949 contra Atlanta, y lo hizo al lado del centrodelantero Emilio Espinoza, quien pronto sería transferido a Boca como Sclair. Ganó Vélez 1 a 0 con gol de Espinoza, y Zubeldía empezó a crecer. Su salto a la fama lo dio el 25 de septiembre de ese año cuando Vélez recibió a River y lo goleó por 5 a 3 con gran labor de Zubeldía, Mallegni, y nuestro recordado Alfredo Bermúdez en el terceto central de ataque. Esa tarda, Osvaldo marcó 3 goles nada menos que al gran Amadeo Carrizo. 

Jugó 176 partidos en Vélez, marcando 38 goles, y en 1956 pasó a Boca Juniors, donde actuó en 38 partidos y marcó 10 goles. Se mantuvo en la división superior jugando para Atlanta (1958/59), donde convirtió 9 goles en 59 partidos, y considerándose un veterano, decidió hacer el tramo final de su carrera futbolística en Banfield que en aquel año 1960 estaba en la Primera B.

Jugando para “El Taladro” del sur del Gran Buenos Aires, en el invierno de ese mismo año visitó Pehuajó con el primer equipo de dicha institución. La razón fue un encuentro amistoso frente al seleccionado pehuajense que se organizó dentro de los festejos por un nuevo aniversario del Club Boca Junior de nuestra ciudad.

El promocionado partido se disputó en el feriado del 17 de agosto, feriado con motivo de la tradicional conmemoración sanmartiniana, y el escenario fue el estadio auriazul ubicado en calles Ascasubi y Rivera Indarte (hoy Perón).

El combinado local alistó a: Pintos, Drago y Hugo Borjas; Roberto Plaza, Jorge Von Pollakoff y Armando Bajo; Luis Piñeyro, Manuel Sánchez, Rubén Pérez, Ovidio Zabala y Carlos Domínguez.

Por su parte, el elenco bandfileño estuvo integrado por: Fontán, Calics y Galván, Manilo, Vázquez y Anglese; De Zorzi, Zubeldía, Suárez, León y Lezcano.

Ganó Banfield por 6 a 2 y aunque Zubeldía no se hizo presente en el marcador, dio muestras claras de quién había sido en el fútbol argentino, exhibiendo algunas cualidades futbolísticas pero más su enorme experiencia como jugador, denotando gran inteligencia, notable capacidad para sacar ventaja de cualquier situación, y mucha picardía de potrero

Ese fue su último año dentro de la cancha, siguiendo su carrera como técnico, lo cual le otorgó una popularidad mayúscula especialmente con aquel inolvidable equipo de Estudiantes de La Plata que, entre 1967 y 1970 ganó un campeonato local, tres copas Libertadores, una copa Intercontinental, y una copa Interamericana, logros que hasta entonces parecían únicamente reservados para equipos grandes.

Fue el impulsor de un sistema que tuvo en ese Estudiantes a magníficos intérpretes. Invertía mucho tiempo en el trabajo semanal preparando maniobras en búsqueda de sorprender al adversario, sea con pelota parada, con aplicación de la ley de off side, o cualquier otro recurso que le resultara efectivo. También solía echar mano a la demora en el juego para ganar tiempo; al reclamo de los defensores de su equipo instruidos para levantar la mano pidiendo off side del delantero rival que se escapó camino al gol; o a las faltas, hoy llamadas tácticas, destinadas a interrumpir la acción del adversario antes que ésta genere mayor peligro.

Zorro viejo, perdió el pelo pero no las mañas. Sacó campeón a San Lorenzo en el Nacional del ’74 y obtuvo dos títulos en Colombia.

Falleció muy joven, a los 54 años de edad. Pero dejó una marca indeleble en la enseñanza que tuvo en el doctor Carlos Salvador Bilardo a su alumno más notable. Tanto como para que se lo recuerde como: El Maestro.

Roberto F. Rodríguez.

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