El “Dogo charrúa”

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Todo aquel que haya hurgado en la historia del boxeo o que haya tenido la ocasión de escuchar a veteranos seguidores del rudo deporte de los puños, seguramente habrá oído hablar del gran Archie Moore, un extraordinario pugilista a quien muchos  lo llegaron a considerar como: “el cuarto grande”, detrás de Muhammad Alí, Joe Louis y Ray “Sugar” Robinson. En cambio mi viejo afirmaba que Moore había sido el más grande. Cuestiones de gusto, nada más.

Lo cierto es que este extraordinario pugilista estadounidense debió sufrir una larga espera hasta obtener una chance mundialista que no desaprovechó, pero antes había visitado la Argentina donde realizó siete peleas durante el invierno de 1951, logrando seis victorias y un empate, en este caso, ante el belga Karel Sys.

Dicen que tenía entonces 35 años, aunque otros le adjudican 38, dado que nunca se supo a ciencia cierta cuándo nació.

Con más de 150 peleas profesionales consiguió la corona mundial de los Medio Pesados al derrotar a Joe Maxim, otro veterano con más de cien combates en el campo rentado, en la Arena de Saint Louis en diciembre de 1952 y, tras vencer nuevamente a Maxim en junio del año siguiente, retornó a visitar la Argentina, aunque como campeón del mundo.

Se le programaron dos combates en el Luna Park de Buenos Aires. El primero ante Rinaldo Ansaloni, un Peso Pesado argentino de 26 años y varios títulos como amateur pero con apenas dos peleas profesionales. Moore ganó por knock out.

Se buscó un nuevo rival, pero los locales no estaban a la altura del campeón que había vencido claramente a Lovell, Cestac, Miranda, Carabajal y Capitanelli en la visita anterior. La búsqueda terminó en el campeón uruguayo Mediano Dogomar Martínez, un joven de 26 años que lucía una foja invicta en 25 peleas profesionales con 24 victorias y un empate. Además, estaba claro que Moore no correría riesgos importantes.

Mucho público asistió a presenciar el combate, incluso la frontera, que había sido cerrada, fue reabierta por el presidente Perón para que los uruguayos pudieran entrar a nuestro país a alentar a campeón oriental.

Los entendidos afirmaban que se trataría de una nueva masacre. Que era innecesario arriesgar al joven uruguayo en un combate que, de antemano se sabía que no podría ganar. No tenía oportunidad y el peligro para su salud y su futuro era demasiado.

Dogomar, cuyo nombre lo debe a la audición del empleado de Registro Civil donde lo anotaron porque su padre, muy orgulloso, se presentó allí y dijo: vengo a anotar a “don Omar Martínez”, y al parecer le entendieron que dijo: Dogomar, y así quedó.

De allí su primer apodo: “Dogo”, aunque esa denominación terminaría siendo premonitoria porque a raíz de su accionar sobre el ring, comenzó a ser identificado con una famosa raza canina de ese nombre que se destaca por la fuerza, agilidad y resistencia, lo que junto al instinto agresivo conforman un temible cazador. Y Martínez tuvo todos esos atributos. Pero los argentinos prácticamente no lo conocían y el campeón tampoco.

La pelea se realizó el 12 de septiembre de 1953, por lo que mañana se cumplirá un nuevo aniversario, y quedó en la historia. Estaba claro que Moore debía ganar sin sobresaltos y mucha gente acudió a ver un espectacular knock out como con los que el norteamericano solía definir sus pleitos, pero tras los cuatro primeros asaltos, no se habían sacado ventajas. Martínez no sólo estaba de pie sino que había alcanzado al campeón con su molesto jab de izquierda en varias ocasiones.

El quinto round pareció presagiar un trágico final cuando el uruguayo recibió un terrible golpe cerca del oído izquierdo y cayó. Sin embargo no estaba en su mente abandonar ni mucho menos. Se paró y siguió dando batalla.

Moore fue por la definición y lo castigó duramente. Al concluir el séptimo, Dogomar tenía varios cortes sobre su rostro, ya convertido en una grotesca mancha sanguinolenta que parecía pedir que terminara el martirio, aunque lejos estaba él de pensar en eso.

El público, que había ido a admirar al campeón, gritaba enardecido por el oriental cuya actuación era un verdadero canto al coraje.

Recién en el octavo, Moore logró tirarlo por segunda vez. Martínez estaba sentido y muchos pedían que se quedara sobre la lona porque ya había demostrado su valor y nadie osaría pedirle un nuevo sacrificio. Ya había cumplido. Pero la garra charrúa empujaba y se puso de pie. Moore no podía creerlo. El campeón fue a rematarlo aunque no lo consiguió porque Dogomar, a puro coraje, capeó el temporal y se mantuvo en pie hasta la campana final. Moore había ganado la pelea por puntos sin duda alguna, aunque el gran ganador había sido Martínez que recibió un enorme reconocimiento por su bravura y la manera en que sostuvo el trámite del combate.

Martínez hizo un par de peleas más en el Luna Park, pero siguió combatiendo hasta 1959, año en el que se retiró dejando un record de 49 victorias, tres derrotas y cinco empates, siendo el mejor boxeador uruguayo de la historia, según los especialistas.

Murió en febrero de 2016, a los 86 años, y más allá de la nómina de sus vencidos, entre los que figura nada menos que Kid Gavilán, siempre será recordado por aquella pelea ante Archie Moore que, sin dudas, constituyó una derrota pírrica que lo metió en la historia grande.

 

Roberto F. Rodríguez.

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