El Chino, un grande que dijo adiós

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El pasado domingo falleció Héctor Luis Báez, “el Chino”, apodo por el que se lo conoció en el ambiente futbolero. Un jugador que apareció en primera división sin contar con un puesto determinado donde asentarse. Corría la segunda mitad de los años ’60 y en el equipo titular de Atlético General San Martín, se lo vio actuar en varios lugares de la cancha, llegando a jugar como volante e incluso como delantero.

Recién en 1968 ocupó el sitio que lo ubicó sobre un alto escalón en la consideración general de los aficionados: la cueva.

Actuando como segundo marcador central, ya en tiempos en que el número 6 no jugaba en el medio campo sino que se metía en el corazón de su propia área formando pareja central con el número 2, también llamado primer zaguero. Así se lo vio integrar la zaga con Raúl Juan.

 Sin embargo, al año siguiente pasó a Boca Junior y como los centrales boquenses eran: Pedro Moldovián y Juan José Erostegui, el querido “Chino” pasó a jugar en mitad de cancha, siempre recostado sobre la izquierda.

Cumplió buenas actuaciones. Tal es así que, para el partido más importante que disputó la selección pehuajense en el campeonato argentino de 1969, vale decir cuando recibió a Trenque Lauquen para el cotejo revancha, Héctor Báez fue convocado para jugar y actuó como titular en aquel encuentro que terminó 1 a 1 y clasificó a “los rojos” que habían ganado el primer partido por la mínima diferencia.

Cuando retornó a la zaga defensiva boquense, lo hizo como primer marcador central dado que el segundo zaguero era Héctor “Tierno” Sauco, tiempos en los que Erostegui jugó varios partidos como volante. Pero para 1972, éste retornó a su puesto de marcador central izquierdo y Báez pasó a ocupar el puesto de cuarto volante por izquierda.

Al año siguiente fue transferido a Defensores del Este y allí formó parte de una de las páginas más gloriosas de la institución. Ocupando posición de segundo zaguero central, integró una férrea defensa junto con: José Luis Manzilla, Osvaldo Bartolomé y José Luis Rojas, la que contaba con el respaldo de Jorge Erramouspe en el arco y un medio campo altamente combativo liderado por Héctor Alanís.

Fue campeón por tres años consecutivos con ese equipo, cuya defensa no sufrió modificaciones, salvo por la presencia de Rubén “Pingüino” Borghi, cuando retornó tras larga suspensión, y del uruguayo Mario Sosa, quienes si bien solían jugar generalmente en el medio campo en ese tiempo, a veces integraban la defensa ante alguna ausencia obligada.

Sin lugar a dudas, Héctor Báez fue una de las figuras del equipo, y hasta fue tenido en cuenta nuevamente para el seleccionado local. De hecho resultó convocado para un par de amistosos en 1974, aunque no llegó a integrar el equipo que cumplió la gran campaña en el argentino de 1975/76.

Cuando concluyó la extraordinaria performance pehuajense en tan encumbrado certamen, San Martín decidió formar un gran equipo e incorporó a reconocidas figuras como: Manuel Carlos, Roberto y Juan Emilio De Antón, José Luis Rojas, Nelson Bernaulle, Carlos Sieza, Mario Sosa, Luis Losino, Carlos Narváez, Roberto Zema y Jacinto “Nino” Dameno. En ese equipo estuvo Héctor Báez, lo que marcó su regreso a los rojos del parque. Integró la zaga central junto a Juan De Antón, mientras que Luis Huguenín y Rojas ocuparon las plazas de marcadores laterales. Un gran equipo que ganó invicto la fase clasificatoria pero decayó totalmente en el Petit Torneo donde perdió todos los partidos.

Los años, que le habían dado la experiencia necesaria, también fueron mermando su rendimiento físico, pero no mellaron su espíritu de lucha.

Siguió en el club y en 1977 integró otro notable equipo formando zaga central con Alberto Pellegrini. En ese rico plantel estaban, entre otros, Ángel Planes, José Luis Rojas, Rodolfo Pascual, Héctor Alanís, Hugo Ibarra, y Juan Carlos Kilduff. Indudablemente era un equipo en el que se habían depositado grandes esperanzas, pero no logró clasificar para el Petit Torneo. Se fue así la última gran oportunidad de luchar por un nuevo campeonato en la Liga Pehuajense. No pudo ser.

Hoy, luego de 73 años de existencia, Héctor Luis Báez ya es pasado. Es el recuerdo encendido de un hombre que, en su paso por el fútbol lugareño, dejó una impronta indeleble que sobrevivirá en la memoria de quienes lo vieron jugar. Una imagen y una historia que se prolongará en el tiempo mientras se lo evoque a través de todo repaso histórico que pueda hacerse sobre nuestro fútbol. Una historia donde aparecerá con la seguridad de su marca, notable fuerza de recuperación, claro sentido de la ubicación, justa noción de tiempo, y claridad para salir jugando, cualidades que surgirán junto al recuerdo de su memorable sociedad con Rojitas, cuyas espaldas se cubrían mutuamente en cada cierre, aportando seguridad y sacrificio sobre el sector izquierdo de la defensa, tanto en Defensores como en San Martín.

El fútbol pehuajense está de duelo. Murió Héctor Báez, un jugador que lució varias casacas pero que quedó ligado para siempre al Defensores tri-campeón, cuya defensa cimentó el éxito y de la que el inolvidable “Chino” fue parte fundamental.

Roberto F. Rodríguez

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