Aún cuesta creerlo

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Si hay un partido que podría calificarse como increíble, dentro de la gran campaña que cumplió Defensores del Este en el Torneo del Interior, edición 1992/93, fue sin dudas el que disputó como local por la rueda de las revanchas de la tercera fase del certamen ante Jorge Newbery de Lobería, representante de Necochea.

El encuentro constituía el cuarto enfrentamiento entre ambos equipos en ese mismo torneo, por lo que ambos planteles se conocían muy bien, pero ahora llegaban con presentes muy diferentes, porque mientras el azulgrana sumaba una victoria y dos empates en esa fase, su rival sólo tenía un empate y dos derrotas.

A las dos escuadras no sólo les interesaba el triunfo sino que lo necesitaban por lo que se esperaba un buen partido.

 

ESTADIO Y AUTORIDADES

El encuentro se disputó el domingo 28 de marzo de 1993 en el estadio “Alberto J. Irigoyen”, de Defensores del Este, de nuestra ciudad, y contó con una terna de autoridades integrada por Oscar Sequeria como árbitro principal, secundado por los señores Carlos Schoubron y Juan Barroso como jueces de líneas.

LOS EQUIPOS

El conjunto local, con algunas ausencias obligadas, salió al campo de juego con una formación integrada por: Hugo Fernando Pizarro, David Del Valle, Hernán Argañaraz, Carlos Di Salvo y Guillermo Salanitro; Alejandro Galeano, Julio Galeano y César Antonio Lamanna; Gustavo Guinea, Mariano González y Dardo Pascual, siendo designados para el banco de relevos: Juan Carlos Marchi, Horacio Goñi, Carlos Torres, Sergio Roura y Gustavo Espeleta. Estaba claro que el técnico del elenco pehuajense, Pablo Zurro, se jugada a todo o nada porque su equipo necesitaba ganar para no perderle pisada al líder del grupo, Argentino Oeste de San Nicolás, que lo aventajaba por un solo punto. No obstante llamaba la atención que no hubiera en el banco un volante de contención. Sin poder contar con Beldrío -lesionado- y Miguel Lamanna -suspendido-, algunos especulaban con que si el resultado era favorable y había que cuidarlo sobre el final, quizá podría ingresar Goñi por un delantero, pasar Del Valle como zaguero central y adelantarse Di Salvo al mediocampo, pero eran sólo conjeturas.

Por su parte, el técnico visitante Alejandro Barberón, cuyo equipo tenía un solo punto en la tercera fase del torneo, sabía que contaba con una remota chance desde las matemáticas para clasificar a la ronda siguiente pero muy difícil de conseguir, máxime porque el rendimiento del equipo estaba lejos de sus mejores momentos. De allí que quizá apeló a una estructura más ofensiva. De esta manera, Jorge Newbery salió a la cancha con: Julio Armentía, Ernesto Débil, Luis Perna, Héctor De Pedro y Fernando Astiz; Carlos Bianchi, Gustavo Racich, Julio Mejía y Walter Astiz; Pedro Echarren y Gustavo Robla. Es decir que el técnico había decidido emplear al tercer arquero del plantel e incorporar dos nuevos delanteros como titulares.

 

EL PARTIDO

Defensores arrancó bien. Asumió desde el mismo inicio su verdadero rol protagónico y comenzó a complicar a la defensa visitante cuyo arquero, Julio Armentía, se convirtió rápidamente en el jugador más importante del partido en el primer cuarto de hora. Atento, rápido para resolver, tuvo su mejor intervención sobre los 10 minutos cuando Guinea ganó en lo alto y metió un cabezazo contra el piso que parecía destinado a enviar el esférico al fondo del marco visitante, pero Armentía, en excelente reacción, logró evitar la caída de su valla. En sólo quince minutos le había dado la razón al técnico por haberlo elegido, más allá del lamento por no haberlo incluido en las fases anteriores.

Defensores estaba bien, pero un violento choque de cabezas dejó a Del Valle muy maltrecho y debió dejar el campo de juego para ser atendido. Alejandro Galeano ocupó la plaza de lateral pero los médicos aconsejaron el cambio e ingresó Goñi para marcar punta cuando todavía no se había cumplido la primera media hora de juego.

La visita comenzó a controlar el balón a través de sus volantes, porque Julio Galeano, aun ayudado por Alejandro, no podía equilibrar la balanza a pesar del esfuerzo, debido a que César Lamanna y Dardo Pascual, cuando oficiaban de volantes, no aportaban marca.

En la ofensiva, sólo Guinea gravitaba como para generar preocupación porque Mariano González, viejo conocido de los dos zagueros centrales adversarios por haber jugado el año anterior en la Liga de Necochea, tenía un duelo personal y desparejo ante la dupla rival que, permanentemente, buscaban sacarlo del partido.

Sin embargo, más allá de un disparo de César Lamanna que Armentía sacó al corner y un sofocón que sufrió Pizarro sobre el final, el primer tiempo concluyó con el marcador en blanco y casi sin grandes emociones.

En la segunda etapa Defensores salió con mayor determinación, arriesgando más, pero también sufrió porque Pizarro sacó, de manera extraordinaria, un cabezazo de Robla a los 3 minutos y luego fue Racich quien quedó solo frente al uno, pero remató por sobre el horizontal. Aun así Armentía volvió a responder ante un disparo de Julio Galeano y sobre los 18 minutos llegó la apertura del marcador. Mariano González habilitó en forma excelente a Guinea con un pase exacto, y el rubio puntero ganó a pura potencia para terminar definiendo con disparo bajo por debajo del cuerpo del arquero, que había salido a tapar el posible remate.

El gol produjo una verdadera explosión en la parcialidad local y constituyó un desahogo. Defensores estaba ganando y sólo tenía que controlar el partido. Así pareció hacerlo aun cuando el ingreso de Ceferino Díaz en la visita demostraba que Barberón se jugaba todo lo que tenía. A empatar o morir, pero debía remontar un partido totalmente adverso con un hombre menos, dado que había sido expulsado Echarren.

Agotado Alejandro Galeano debió salir y en el banco no había un relevo de características similares, puesto que estaban Sergio Roura, un volante de creación y llegada al gol, y dos goleadores: Carlos Torres y Gustavo Espeleta. Zurro se decidió por Roura, que reaparecía luego de siete meses ausente de los campos de juego. Defensores quedó desbalanceado pero el conjunto aurinegro también estaba con marcado desequilibrio en sus líneas. Por eso, con buen manejo del balón y toques oportunos, el local, que tenía un hombre más, controlaba el partido que parecía encaminarlo hacia el reencuentro con la victoria.

Roura se entendió rápidamente con César Lamanna y ambos elaboraron una doble pared memorable que puso de pie al estadio y que terminó definiendo César con un remate cruzado y alto que sacó milagrosamente Armentía cuando parecía que el balón se colaría en el ángulo superior. El estadio aplaudió pero lejos de buscar mantener el resultado, Defensores fue a rematarlo y en solo tres minutos perdió el partido.

Ceferino Díaz aprovechó un error defensivo y derrotó a Pizarro con disparo bajo. Mariano González terminó reaccionado de tanto que lo buscaron y se fue expulsado. Y para colmo de males, luego fue Robla, quien parado delante del primer vértice del área chica, se anticipó en un córner y metió un cabezazo cruzado que anidó el balón contra la base del segundo palo sin que Pizarro pudiera intervenir.

Nadie podía creer lo que estaba viendo pero era real. Jorge Newbery había encontrado una victoria que, a menos de diez minutos del final del partido, ni la soñaba, pero Defensores también había contribuido a esa catástrofe. No obstante, aunque con mucho menos chance que antes debido a la derrota, el azulgrana seguía en carrera pese a que hacía rato que se sabía que Argentino Oeste goleaba a Mitre y se distanciaba en lo alto de la tabla como gran candidato a clasificar.

Próximo sábado: Defensores del Este camino hacia San Pedro, pero con la mirada puesta también en Quequén.

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