Cuando la noche pehuajense dio a luz un hijo inolvidable

La última semana de octubre de 1970 marcó un punto de inflexión en el convulsionado   ambiente nocturno pehuajense, porque en la céntrica calle Bartolomé Mitre, al 326, abrió sus puertas: Tosko’s, un boliche bailable que, con el paso de los años, se convertiría en referente histórico lugareño.

Tiempos en los que Casa Rassori dominaba la equina de Alem y Rivarola con modernos televisores, incluido el Wells Gardner, y reconocidas heladeras, entre ellas la Supercompacta Phillips, presentada comercialmente como: la que capturó el frío, mientras desde Buenos Aires llegaba la publicidad del revolucionario receptor de radio Tonomac Platino, de fabuloso alcance transoceánico, con tres bandas, una onda larga capaz de alcanzar1.800 kilómetrosy una onda corta sin fronteras.

Cerca de aquella esquina, en pleno corazón del centro neurálgico de la ciudad, se erigían grandes tiendas, que no sólo dominaban el panorama desde puntos estratégicos, sino que se hacían notar con grandes slogans publicitarios, tales los casos de Galver con su: “Sonata final de saldos y retazos”, Delva, con lo que denominaban: “Locura de precios bajos”, y El Hogar, con sus “Lunes magistrales” en retazos. Por su parte “Primicias” tenía días de importantes descuentos y “Suixtil” ofrecía, de lo moderno lo más moderno: Vértice 70.

Era el momento de los pantalones y camperas Astronauta, de corderoy, destinados a gente y joven y alegre, según decía la publicidad de Induswheel, es decir que ya partían desde un cierto concepto discriminatorio que hoy no sería admitido, pero eran otros tiempos. Recuerdo haberlas visto en la contratapa de revistas famosas, donde podía a observarse a jóvenes con dicha indumentaria, jugando bowling, actividad muy de moda en esa época, año en la misma empresa con la línea Ránking, catalogándola publicitariamente como: el decidido estilo argentino, y las prendas de Firmeroy, pilchas con gancho, dominaba gran parte del mercado y quién más, quién menos, podía salir a la calle con esas codiciadas prendas, aún cuando no fueran de esa marca, pero que a la vista sobresalían por su contextura con bastones verticales y paralelos que dejaban pequeños surcos entre uno y otro.

Recuerdo que mi vieja, histórica modista del barrio, me había confeccionado un gabán cruzado, en corderoy azul, con botones dorados (el azul y oro siempre fueron mis colores) y forrado con una especie de tela de frazada. Imperturbable al frío y altamente de moda, que lucía con orgullo a pesar de mis pocos años de edad. La realidad decía que el corderoy mandaba.

Por su parte, Annan lanzaba la moderna línea de camisas y pantalones “Vesti Lujo70”, aunque en cuanto a practicidad, era el momento de las camisas Lavi-Listo, únicas con planchado permanente, y los pantalones confeccionados con Acrocel, la tela que jamás de plancha, garantizado por Sudamtex.

La moda imponía lo suyo y así como los modernosos ’60 habían mostrado a la osada minifalda y al audaz bikini como disparadores de un cambio de actitud en el mundo de la mujer, en aquel invierno de 1970, se vieron damas enfundadas en tapados largos, muy largos, con reminiscencias militares de los elegantes hombres de la S. S. alemana, más botas de caña alta y, para no renunciar del todo, una atrevida minifalda bajo esa mística monacal exterior.

El mundo automotriz, que también traía toda la atención masculina, veía como IKA presentaba su Renault 6, como un nuevo concepto en diseño y respuesta justa a la evolución de un estilo, mientras Peugeot, con su moderno modelo 504, había sorprendido con un auto de “cola trunca” que definía la línea más nueva en el mundo y Fiat mostraba su versión Sport con la innovadora coupé 1600.

Un año en el que aparecían los cigarrillos American Club como producto destinado a masificarse gradualmente, y venían medicamentos, más precisamente pastillas efervescentes, en tubos metálicos que los más chicos coleccionábamos y empleábamos para diferentes usos lúdicos.

Lo cierto es que ese año tan particular, dos conocidos comerciantes bolivarenses, Juan Carlos Demassi y Edgardo Lupano, ponían a consideración del público pehuajense y zonal una nueva opción en cuanto a la expansión nocturna, algo que ha caracterizado desde siempre a nuestra comunidad.

Abría sus puertas: Tosko’s. Un lugar con particularidades distintivas conforme a lo conocido hasta allí. Su amplio frente no presentaba aberturas a excepción de la única puerta de acceso, pero no era una puerta común, sino una del tipo que veíamos en los submarinos que aparecían en las películas de entonces, maciza, con elementos de apertura como de una caja fuerte, lo que tornaba impactante a la vista de quienes no conocían de grandes embarcaciones y se prestaba para el comentario de aquellos que había realizado el servicio militar obligatorio, es decir la famosa colimba, en la marina y habían tenido suficiente contacto con esas puertas, sea cuidándolas o limpiándolas, pero contacto al fin, lo que los habilitaba para dar su cátedra gratuita, porque en esos años no concurrían menores a esos lugares a edades precoces como vimos décadas después.

Transpuesta la puerta de acceso, se podía ver una hermosa cascada, para dar lugar una extensa barra de unos20 metrosde largo, delicadamente revestida en un tapizado negro sobre el que sobresalían figuras surrealistas en relieve. Junto a la barra se hallaban unas 20 butacas altas, mientras que el detalle concordante con la puerta era que el posapié estaba hecho con una gruesa cadena de barco que cubría la parte inferior de la barra, facilitando la posición de descanso de quienes se sentaban junto a ella.

A partir de ahí, el blanco y el negro dominaban la escena. Techo negro y paredes blancas, con arcadas en estilo español, de yeso, dividiendo el ambiente en dos. Las mesas ratonas y los sofás también mostraban el predominante contraste cromático, sobre un piso alfombrado en un azul noche.

La novedad estaba en la famosa “Lluvia de estrellas”, tratándose de una importante esfera pendiendo de lo alto que giraba y distribuía la luz que recibía, como nuestro satélite natural que, según el cancionero autóctono, nos es más que un terrón que alumbra con luz prestada, lo que, de ninguna manera, disminuye su belleza. El empleo de luz negra y el juego lumínico que alumbraba la pista de baile, ubicada en el centro del salón y a unos20 centímetrossobre el nivel del piso, generaban un significativo impacto en los asistentes, envueltos en el sonido de un impresionante equipo de audio construido por un reconocido profesional de la ciudad de Azul.

El cronista de NOTICIAS, que tuvo acceso al lugar previo a la inauguración, indicó que: “Se ha tenido en cuenta para la ornamentación y decoración del nuevo salón, un sentido realista y moderno, donde la rusticidad, amalgamada con el estilo español se han unido para, en un conjunto, dar ese toque distinguido y funcional tan necesario para ambientes de este tipo, en el que se debe tener en cuenta la comodidad y el esparcimiento del público”. Impecable definición para un momento único: la noche que nació Tosko’s, un lugar que se prolongaría varias décadas en el tiempo como referente de la noche pehuajense, donde durante años latieron luces multicolores y temblaron sus paredes al retumbar de la música de moda, un sitio que fue mudo testigo de anhelos alcanzados y sueños destruidos, de uniones y desencuentros, de ilusiones y desengaños, donde nacieron y murieron muchos amores, y donde otros no llegaron a serlo. Un lugar con historia que fue un faro en la noche de la región y que merecía este pequeño recuerdo entre tantos otros que salieron por añadidura cronológica de un tiempo que ya se fue.

¡Feliz domingo!

                                                                                        Roberto F. Rodríguez. 

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